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Un viaje con obstáculos

@|Hace algunos meses un prestigioso medio uruguayo me publicó una nota en la que refería a las largas colas en los puentes internacionales, que se producen por el cruce masivo de uruguayos hacia Argentina para comprar insumos básicos, como arroz y fideos, nafta y hasta para cortarse el pelo. Sugerí por entonces que se trataba simplemente de ordenar el ingreso de vehículos a Uruguay, distinguiendo entre quienes salen por unas pocas horas a desvalijar la Argentina (bien por ellos, decía), de aquellos turistas que ingresan a Uruguay para pasar unos días, contribuyendo —de paso— a compensar la seguramente deficitaria balanza turística oriental. Concluí por entonces que tan solo bastaba hacer dos filas, para los unos y los otros, diría el gran Claude Lelouche.

Pasaron algunos meses y pude comprobar que mi éxito fue nulo, así que ahora, para ingresar a mi querido Uruguay por los puentes, en casa planificamos los viajes en horarios que se parecen más a la entonces invasión de Kuwait por Saddam Hussein que a un fin de semana de soggiorno. Igual, al lado de lo que cuento, nada.

El finde largo para Argentina, 8 de diciembre, todo parecía más simple puesto que el viaje era a la soñada Punta del Este y en solo cuarenta minutos de avión; toda una maravilla hasta llegar a Migraciones del Aeropuerto de Laguna del Sauce.

Nos encontramos allí con dos colas; una, la del pueblo, que era de 60/90 minutos de espera y sin distinguir pasaportes de Botswana y cédulas Mercosur. La otra cola, la vip, implicaba que los turistas dejasen al menos US$ 70 de compras en el free shop del aeropuerto. Si alguien se pregunta si le estoy tomando el pelo, me remito al coloreado panfleto entregado a los pasajeros al llegar. A hoy, 26 de diciembre, estamos igual -o peor.

Curioso como soy, me hice entonces algunas preguntas acerca de este pseudo maridaje entre ingreso migratorio y compras de free shop. Les cuento algunas: para empezar una bien fácil como ser: ¿qué tiene que ver el Estado controlando documentación con el negocio privado de compras en zonas de frontera?; otra también bien facilonga: ¿porqué al ingresarse por los puentes internacionales hay un cartel que dice que “las compras son solamente para quienes egresen del Uruguay” y en Punta del Este no? (aclaro que considero ridículo lo de los puentes). Por supuesto que la siguiente pregunta me pareció más importante por su raigambre constitucional: ¿no era que somos todos iguales ante la ley? Lo digo porque pareciera ahora que son más iguales que otros aquéllos que —justo ese día— les tocó reponer el Black Label, el foie gras o el caviar…

Está visto que el Mercosur, para Uruguay, a lo largo de estos más de 30 años no fue lo esperado -—o que resulta más que comprensible y constatable— y presenciamos ahora que el presidente Lacalle Pou salió a buscar socios serios. Quizás sea entonces el momento para no dar una imagen negativa que no corresponde a la tradicional seriedad oriental.

Lo de los puentes —fácil de solucionar de por sí— es de lamentar, pero lo del aeropuerto de Punta del Esteno es más que un consagrado mamarracho, que revela cuanto menos una insólita complicidad entre funcionarios públicos y la concesionaria del free shop.

Uruguay es un país envidiablemente serio para nosotros y sus autoridades debieran por tanto tomar cartas en el asunto.

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