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Saravia y sus muchachos

Clara Saravia | Montevideo
@|Los que tuvimos el privilegio de nacer en una familia Saravista, crecimos escuchando esta historia. Cómo se hablaba de un Caudillo inmortal, un hombre que lo tenía todo y decidió dejarlo por y para la Patria.

Muchos de nosotros aprendimos la emblemática canción “De Poncho Blanco” antes que cualquier otra; tal vez sin entender totalmente que este hombre significaba la esencia misma del interior de nuestro país; conocimientos que con el tiempo profundizamos.

Quienes no crecieron en una familia Saravista, tienen el mérito de haber entendido la mística de Saravia sin otro apoyo que los libros, o de blancos, que con cariño supieron transmitir en largas charlas lo que ellos aprendieron en años; y como todos, la convicción de plasmar en nuestra realidad ese ideal, de un Uruguay donde todos los orientales, independiente del punto del país en donde nazcan, tengan las mismas oportunidades de salir adelante; porque “naides es más que naides”.

Aparicio Saravia lo era todo para los muchachos que lo acompañaban, pero él se veía como un igual. Cualquiera de ellos se hubiera puesto en frente a esa bala para que no se llevara al mejor hombre que parió esta tierra.

Aunque con los años, quisieron llenar su imagen de conceptos equivocados intentando que no generara lo que siempre generó en los blancos; creyendo que su figura de gaucho lo rebajaba, sin entender la intelectualidad que poseía Saravia, el cual luchaba por el voto secreto y universal, la representación proporcional y la tan buscada democracia por la divisa blanca; mucho antes que cualquier “intelectual” de Montevideo.

100 años después de su caída, gracias a la idea de un blanco de pura cepa y de una comisión que supo entender la llamada que tiene el General; en septiembre, miles de blancos hacen 90 km a caballo, todos los años.

Porque aquella bala no pudo terminar con el General del poncho color de pueblo. Eso quedó reflejado en esta Marcha a Masoller “A caballo por Aparicio”. Lo vimos cuando llegamos los miles de jinetes emocionados al ver a Saravia a lo lejos, lo vemos en los meses que le lleva a la comisión, que con mucha pasión y compromiso organizan el acto político, sin fines electorales, más grande del país; y cuando gritamos al unísono “Presente”.

Se hace imposible que las lágrimas no humedezcan nuestras mejillas.

Aunque muchos dirigentes no lo entiendan, la inmortal figura de Aparicio Saravia acompañará a cada blanco a la hora de sufragar; y nosotros, sus muchachos, no nos mareamos por estar 5 años más en el poder.

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