Ps. Jorge Ballario | Argentina
@|El historiador y pensador Yuval Noah Harari advierte sobre una paradoja de nuestro tiempo: hemos alcanzado un enorme poder tecnológico sin desarrollar, necesariamente, una prudencia equivalente.
Según Harari, las sociedades necesitan relatos compartidos —naciones, religiones, dinero, fronteras o determinadas ideas políticas— para organizar la cooperación.
A esto se suma que nuestra biología puede ayudar a explicar por qué personas impulsivas, narcisistas o poco reflexivas llegan a posiciones de poder, dado que la evolución no nos preparó para buscar la verdad, sino para sobrevivir: quien habla con certeza puede resultar más convincente que quien conoce la complejidad de un problema y admite sus dudas.
En las redes sociales, los algoritmos privilegian aquello que provoca reacciones: miedo, indignación, odio o burla. Una explicación rigurosa puede perder frente a una afirmación falsa, simple y emocional. Este entorno refleja y amplifica nuestros impulsos.
Para Harari, los líderes son, en cierta medida, un síntoma de nosotros mismos. Ante la incertidumbre buscamos seguridad y preferimos a quien nos brinda respuestas sencillas antes que al más capaz.
El desafío consiste en cambiar las condiciones que los favorecen. Recuperar la soberanía sobre nuestra atención, cultivar el silencio y la lectura profunda, y fortalecer la ciencia, el periodismo y las instituciones independientes pueden ayudarnos a pensar antes de reaccionar.
El futuro dependerá no solo de la tecnología que seamos capaces de crear, sino de la conciencia con que aprendamos a utilizarla.