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No siempre fue así...

Lucas A. Fraga | Montevideo
@|Ante el insulto soez de un conocido murguista a una figura pública, las reacciones en general fueron de rechazo. Hubo también los clásicos matices. Entre los comentarios twitteros uno me llamó la atención: “El carnaval se caracterizó siempre por la ordinariez y la mediocridad”.

Es una generalización injusta, no siempre ha sido así.

He visto carnavales donde campeaba la diversión, la crítica elegante, el empleo de la ironía -mucho más efectiva que el insulto explícito-, la doble intención que causaba mucho más gracia que las palabras y los ademanes soeces de ahora.

Sin duda era otro humor que, claro está, implicaba libretistas que pensaran, “que usaran el cerebro”. Grandes luminarias han manejado la pluma carnavalera. Por citar algunos históricos: el Loro Collazo, Salvador Granata, Carlos Soto, el Dios Verde, “ventajita Pontón” y sin duda me olvido de muchos otros.

En la actualidad y ya hace un tiempo, sobre todo en la categoría que se hace llamar murga, el concurso de Carnaval es una competencia donde son premiados los que más ordinarieces e invectivas vierten al éter.

Una de las cosas más lamentables lo constituye el hecho de que conocidos actores y actrices (por suerte no son todos) que vemos por TV, con condiciones innegables, que incluso he visto descollar en el teatro ante un buen libreto, se suman a ese estilo procaz, generador del aplauso fácil.

Ese proceder va de la mano de considerar que el público carnavalero es distinto, que no está apto para un humor más inteligente, más elaborado, o sea que a priori lo están etiquetando a ese espectador en una categoría C.

Esos espectadores no van a pedir que pongan la vara más alta, quizá porque a los actores y libretistas, que en definitiva son quienes los acostumbraron a ese estilo, no les interesa un público exigente.

¿Qué puede exigir un público que ante el insulto de marras aplaude y festeja a rabiar? Tiene el Carnaval que se merece.

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