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Lorca: noventa años después

Eduardo Sellanes Iglesias | Montevideo
@|Hace noventa años mataron a Federico García Lorca. Tenía 38 años. Era poeta, dramaturgo, músico. Pero, sobre todo, era un hombre que había aprendido a escuchar el alma de su tierra.

Andalucía estaba en sus versos. En el polvo de los caminos. En el sonido de una guitarra. En la luna. En los caballos. En las mujeres vestidas de negro. En el amor prohibido. En la muerte que ronda y espera.

Lorca escribió sobre aquello que muchas veces la sociedad prefería callar. En “Bodas de sangre”, el deseo enfrentado a las reglas. En “Yerma”, la frustración de una mujer encerrada en su destino. En “La casa de Bernarda Alba”, la autoridad convertida en asfixia.

No necesitaba discursos políticos para hablar de libertad. Le alcanzaba una habitación cerrada.

España vivía días terribles. En julio de 1936 comenzó la Guerra Civil. Lorca se refugió en Granada creyendo, quizá, que entre los suyos estaría protegido. No fue así. Fue detenido. No hubo un juicio digno de ese nombre. En la madrugada del 18 o 19 de agosto fue llevado hacia la zona de Víznar y Alfacar. Lo fusilaron.

Después vino el silencio. Su cuerpo nunca fue identificado con certeza. No existe una tumba ante la cual dejar una flor.

Pero quienes quisieron hacerlo desaparecer cometieron el error de siempre: confundieron matar a un hombre con matar su palabra. Y la palabra sobrevivió. Sobrevivió “Romancero gitano”. Sobrevivió “Poeta en Nueva York”. Sobrevivieron “Bernarda Alba”, “Yerma” y aquella novia que en “Bodas de sangre” se atrevió a correr detrás de lo que sentía aunque supiera que podía costarle la vida. Sobrevivió también su Andalucía. La Andalucía profunda. La hermosa y la dolorosa. La que canta y llora casi al mismo tiempo.

Han pasado noventa años. Los hombres que apretaron aquellos gatillos desaparecieron. Lorca no. Se continúa leyendo. Se representa en los teatros. Se estudia. Se discute. Se escucha.

Tenía apenas 38 años cuando quisieron silenciarlo. Noventa años después podemos decir que fracasaron. Mataron al hombre. Al poeta no pudieron.

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