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Lo que no queremos ver

Un Conejo Blanco | Montevideo
@|Podría denominarse “desigualdad” o “Apocalipsis” o simplemente “IA”, pues el motivo de mi elucubración, de esos temas trata.

Mientras como una ola de tsunami crece en el planeta la inteligencia artificial, otra ola, pero de pobreza, asola la humanidad infantil en distintas regiones; una niñez cercana, visible y estadísticamente evaluada, pero evidentemente desamparada.

Mientras crece la productividad de empresas apoyadas en tecnologías ya con base en “IA”, propiciando la aparición de una “elite” inmensurable de hombres con enormes fortunas, millones de hombres y más aún niños padecen hambre al mismo tiempo, en el mismo planeta.

Y simultáneamente Rusia y Ucrania en una guerra desquiciada, inconcebible e inhumana, acumulan ya más de un millón de muertos; mientras Estados Unidos en otro sin sentido bélico con Irán e Israel, dilapidan 1.000 millones de dólares por día, en bombas y misiles.

Nada novedoso relato pues la existencia de la desigualdad es un hecho comprobado desde los inicios de la civilización; y la humanidad ha consentido con ello, más allá de avatares de ideologías políticas permanentemente frustradas por la codicia del ser humano.

Sin embargo, a partir del siglo que vivimos, exponencialmente crecen “desigualdad e IA”, y escondido en la sombra, casi inadvertido, como si fuese una broma (macabra, por cierto), como invisible, pero ya advertido por científicos y librepensadores, avanza la fatal posibilidad de “Un Apocalipsis de la humanidad”.

La codicia humana, tanto científica como material, prepara el terreno para que la máquina supere a la raza humana; y de ahí a su exterminación habrá un paso, lamentablemente, quizás “muy próximo”.

Hace pocos días, un investigador de IA de “Anthropic”, que también trabajó en “Open AI”, dimitió diciendo: “Ninguna de las dos empresas está actuando de forma responsable”. Jacob Coxon, comentó en las redes sociales: “Están corriendo a toda velocidad hacia la inteligencia automejorada y jugando con nuestras vidas”. Y Evan Hubinger, responsable de garantizar que todos los modelos de Anthropic tengan en cuenta los mejores deseos de sus usuarios, dijo: “Tiene razón Jacob: realmente creemos que la IA podría acabar con todos los humanos y personalmente creo que la probabilidad supera el 10% en la próxima década”.

Aunque llegado ese momento no estaré vivo, convencido de que sucederá, lanzaré una quimérica pero humana y esperanzadora propuesta para que, mientras sea posible, los seres humanos nos reconciliemos con nuestros iguales, apoyados en las tres virtudes teologales que deberían guiar nuestros destinos: fe, esperanza y caridad.

Mi pretensión es simple: deberán reunirse en cualquier lugar del mundo, autoconvocados, los hombres más ricos del mundo y resolver ellos, sin políticos interlocutores, sin intermediarios, sin ideologías ni exigencias ajenas, solamente por sí mismos, con su poder económico, asesorados por quienes consideren convenientes, un proyecto global mundial, con su aporte económico, para que por años (que a mi entender no serán muchos antes que la IA destruya a la humanidad), la desigualdad entre los humanos sea un poco menor y se pueda disfrutar algo de la vida antes del inevitable “Apocalipsis”; reconociéndosele públicamente a este grupo su benefactor trabajo en apoyo a los congéneres menos favorecidos del mundo.

Y si mi predicción fatalista no llegase, el mundo será algo mejor y la humanidad tendrá a los “Héroes Universales de la Beneficencia y la Caridad”, para homenajear por mucho tiempo.

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