María del Carmen Liñares | Montevideo
@|Uno de los más difíciles desafíos de la sociedad actual es resolver la problemática de los adultos mayores, ya sea por su bienestar personal como también por el alargamiento que ha tenido la vida.
Si bien están en marcha importantes cambios en la seguridad social uruguaya, no cabe duda que los beneficiados con ella serán los más jóvenes que tienen por delante muchos años de aportes antes de llegar a la edad jubilatoria. O sea que estos cambios se verán en la generación actual, al llegar su hora de retiro que inevitablemente nos alcanza a todos.
En otro orden de cosas, pero siempre vinculado al tema, cabe destacar que en estas nuevas generaciones ambos sexos son mucho más participativos en los roles de la casa y cuidado de los niños; medida justa que busca equilibrar un pasado donde el hombre salía a trabajar y la mujer cargaba con la mayor responsabilidad en lo que se refería al hogar: esposo, hijos y cuidado de familiares de edad avanzada.
Las mujeres nacidas a mediados del siglo XX, es notorio que en gran número accedieron a ocupaciones laborales por voluntad propia y también por necesidad económica, conformando un grupo social femenino que fue una transición entre aquella figura hogareña de antaño y la que hoy forman las jóvenes con un estilo de vida totalmente diferente.
Actualmente se nota un cambio de rol en las uruguayas, que han mostrado su capacidad para desarrollarse en otros terrenos que antiguamente eran exclusivos del sexo masculino, sin ser estigmatizadas por el hecho de ser mujeres.
Pero es una realidad que rompe los ojos la situación complicada de tantas compatriotas adultas mayores que al no haber trabajado fuera de casa durante su vida por razones familiares u otras causales justificadas, no tuvieron un salario para efectuar aportes a la seguridad social; no pudiendo por ende acceder a una jubilación cuando llegaron a su edad madura.
Muchas de estas ciudadanas además, por circunstancias no previstas de la vida, terminaron en soledad agravando su situación.
Estas compatriotas cuyo aporte a la sociedad ha sido indiscutible y cierto, deberían recibir distintas opciones de ayuda del Estado para enfrentar su vejez en forma honorable.
La mujer mayor uruguaya ha prestado un servicio a la sociedad, merece con justicia un reconocimiento y un amparo por parte del gobierno.
Es difícil entender cómo no se aplican sanciones legales hacia familiares directos de estas personas de edad en soledad, enfermedad o desamparo que se desentienden de sus responsabilidad hacia ellos; para que se haga justicia y la mujer mayor sea amparada por quienes corresponda.