Dr. Jorge Cassinelli | Montevideo
@|Las objeciones a la iniciativa de la senadora Blanca Rodríguez nada tienen que ver con su condición de mujer. El reparo es político y de fondo: una categoría tan amplia y ambigua como “discurso de odio” puede terminar utilizándose para limitar el derecho a señalar y cuestionar las decisiones del gobierno y de quienes ejercen responsabilidades públicas.
Nadie justifica amenazas o agresiones, pero no corresponde confundirlas con el legítimo disenso político, por severo que sea. Las mujeres que hacen política, como cualquier otro actor público, están sometidas al debate y al escrutinio ciudadano.
Presentar estas objeciones como una reacción machista o como una cuestión de género supone desviar el foco. El verdadero debate es sobre libertad de expresión, límites del poder y calidad democrática.
En democracia, las ideas se confrontan con argumentos, no se silencian.