Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|Para algunos, la esclavitud es aceptable y recomendable.“Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos”, Jorge Luis Borges, (El informe de Brodie, 1970).
¡Aleluya! Desde hace algo más de un mes hemos dejado de trabajar para los políticos. El “Día de la Liberación Fiscal” se sitúa este año en España, por caso, el 20 de agosto, fecha hasta la que, según la Fundación Civismo, un contribuyente medio habría destinado 231 días de renta al pago de impuestos.
En mi opinión, se quedan cortos, ya que solo calculan las cargas que recaen directamente sobre el contribuyente, pero no consideran la cascada implícita, es decir que, al comprar un producto, no solo se paga el IVA, sino que el precio (sin IVA) incluye -en sus costos- los impuestos que han tenido que pagar las empresas fabricantes, los intermediarios y los vendedores.
Muchos “expertos” argumentan que los impuestos no pueden analizarse como una cantidad que desaparece, ya que financian servicios e infraestructuras que reciben los ciudadanos. A ver, hay dos cosas que aclarar.
Primero, si bien la presión fiscal en general perjudica a todos, al final recae con más fuerza sobre los de menos recursos ya que, cuanto más alto es el nivel económico de una persona, con más fuerza la deriva -necesariamente, no es de su exclusiva decisión- hacia abajo.
Por caso, un empresario -al realizar con eficiencia su trabajo y mantener la rentabilidad- paga las cargas fiscales subiendo precios, bajando salarios o dejando de invertir demandando menos mano de obra. En tanto que los asalariados tienen que absorber todo sin poder aumentar sus ingresos.
Segundo, la eficiencia se produce en un mercado libre cuando cada persona actúa logrando su máximo beneficio. Por ejemplo, un transportista compra un camión para mejorar su negocio y se favorece la fábrica que, con ese dinero, mejora su producción.
En cambio, el Estado fuerza el pago de impuestos porque los ciudadanos se negarían dado que no ven su beneficio maximizado por lo que reciben a cambio. No vale decir que habría servicios sin prestatarios de no proveerlos el Estado porque hasta al justicia -los mediadores- y la seguridad pueden ser provistas con eficacia por privados.
Lo peor es el lado moral. Algunos “especialistas” aseguran que los impuestos no son opuestos a la libertad ya que se reciben prestaciones a cambio. ¿Algo que es obligado no es contrario a la libertad? Extraño concepto de libertad.
San Agustín lo decía: “...cada uno salga vencedor o vencido en la guerra... unos tuviesen reinos y otros viviesen sujetos a los que reinan”. Así, hoy los Estados pueden definirse como el monopolio de la violencia con el que imponen “leyes”.
Los políticos definen la esclavitud según sus intereses. Así, para la ONU “Por trabajo forzoso puede entenderse el que se realiza de manera involuntaria y bajo amenaza de una pena cualquiera…”. Pero agrega “excepciones” interesadas como “el Servicio militar obligatorio. Obligaciones cívicas normales (¿?)” incluido el pago de impuestos, o sea, si una persona es forzada por los políticos a pagar lo que ellos deciden, no es esclavo.
Entidades independientes como Walk Free Foundation de Australia definen la esclavitud como una “situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño”.
“¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba... Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos”, escribió Jorge Luis Borges en “El libro de arena”.
Pues eso, los políticos deberían buscar oficios honestos como el de cómicos o curanderos, en lugar de emular la esclavitud.
La esclavitud
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