José Rimonti | Montevideo
@|Sigue el caos y la improvisación.
Históricamente, convivimos en nuestros barrios con dos realidades distintas: el clasificador, que ve en los residuos su sustento diario, y el hurgador, que busca objetos para la venta inmediata. Siempre son los mismos. Sin embargo, la reciente decisión de retirar contenedores de ciertas zonas ha desplazado la presencia de otros hurgadores, hasta los barrios donde aún hay contenedores callejeros, aumentando la suciedad y los riesgos asociados.
Es evidente que estamos ante un proceso marcado por la improvisación. La solución actual parece ser trasladar el problema de la calle al interior de nuestros hogares. Esta “logística doméstica” forzada genera serios inconvenientes: desde la falta de espacio físico hasta el esfuerzo que implica para jóvenes trabajadores y, especialmente, para adultos mayores el acarreo de estos recipientes.
La fragilidad del sistema, una vez más, quedó en evidencia con los recientes paros: las calles se inundaron de basura y el servicio colapsó. Si esto ocurre en la vía pública, es alarmante imaginar lo que sucederá dentro de las viviendas cuando la recolección falle.
Para completar este panorama lamentable, se anuncia que no tienen todo el dinero para el proyecto, y la planificación es que para el 2029 se estaría llegando a la mitad. Resulta cínico pedir paciencia y trasladar la responsabilidad al ciudadano cuando la gestión carece de una planificación mínima y eficiente.
La gravedad aumentará cuando el caos quede dentro de nuestros domicilios y estaremos totalmente indefensos. ¿Qué vamos a hacer cuando haya paros o feriados sin recolección?
La recolección debería ser catalogada como esencial para proteger la salud pública.
Pero contra los “compas y socios del FA” no se animarán.
De este plan dictatorial, sin consulta a la ciudadanía, ya no nos salva nadie.