@|¿A nadie se le ocurre preguntar a los vecinos de la zona si quieren un “armatoste” frente a la costa? ¿Antes de toda esta discusión, hay estudios ambientales de cómo impactaría en la costa esa isla? ¿Somos un país con tanta gente como para hacer esa isla?
No sé, me encanta el Editorial del domingo 12 de junio en El País, de Martín Aguirre, bajo el título “La isla de la fantasía”. Creo que ahí está muy bien explicado.
“Empecemos por el principio. Según se informó, un grupo empresarial hasta ahora desconocido presentó al gobierno un proyecto para construir esta isla artificial, que tendría 36 hectáreas, se ubicaría a 450 metros de la rambla, con un puerto deportivo para 300 embarcaciones, 36 lotes inmobiliarios, y un costo de US$ 2.300 millones. Según sus impulsores, generaría 4.500 puestos de trabajo durante los 14 años de ejecución.
La chance de que esto se concrete es casi tan creíble como que el “Muñeco” Gallardo asumiera en la selección uruguaya.
Esto por una razón implacable: el mercado. Uruguay no tiene demanda de vivienda de ese nivel para justificar tal inversión, no hay hordas de millonarios deseando abandonar Mónaco o St Barth para venirse a este rincón perdido del mundo, por más seductoras que sean las olas achocolatadas del Río de la Plata. Pero si lo hubiera, con 2 mil millones se podría comprar tanta tierra en Montevideo que la operación de construir una isla no cierra por ningún lado…”.
A buen entendedor pocas palabras bastan, hay cosas más importantes que discutir hoy y el tiempo es oro como para seguir con este tema.
Lo calificaría como una idea vana que pasa por una mente inquieta a la que se le dio demasiada publicidad gratis.