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Inocentes por derecho

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|No por gracia de una cámara.

Hablemos claro, salir a la ruta, manejar tranquilo y pensar en lo tuyo no debería sentirse como caminar por el patio de una cárcel.

Sin embargo, nos acostumbramos a que cada pocos kilómetros un arco de metal con cámaras de alta definición nos escanee, nos fiche y guarde nuestros pasos y todo bajo una frase que nos vendieron como verdad absoluta: “El que no hace nada, no tiene nada que ocultar”.

¿En serio? Es hora de romper ese mito de una vez por todas.

Tener privacidad no significa andar en cosas raras ni esconder un delito; privacidad es la libertad de moverte por tu propio país sin tener que rendirle cuentas a un algoritmo ni darle explicaciones a un servidor central.

Es la distancia que separa a un ciudadano libre de un sujeto bajo observación permanente.

La regla de oro de cualquier democracia real es simple y sagrada, “sos inocente hasta que se demuestre lo contrario”.

Pero la vigilancia masiva dio vuelta la tortilla por completo, hoy la tecnología parte del prejuicio opuesto, todos somos sospechosos por defecto, y la cámara nos tiene que “validar” la inocencia en cada tramo comprobando que estamos en regla. ¿En qué momento aceptamos que se invirtiera esa lógica?

No nos engañemos, la seguridad nos importa a todos, queremos rutas tranquilas y queremos que la policía atrape a los delincuentes; pero la solución jamás puede ser entregarle las llaves de nuestra intimidad a un sistema que no sabemos exactamente quién maneja, cuánto tiempo guarda nuestros trayectos o para qué los va a usar el gobierno de turno el día de mañana.

El poder de vigilancia que hoy le regalás al Estado para protegerte, mañana lo puede usar cualquiera para controlar a la sociedad. La privacidad no es un lujo del pasado ni un capricho; es el escudo fundamental de nuestra libertad cotidiana.

Exigir límites claros a los arcos de control, pedir transparencia y defender el derecho a andar por la vida sin una lupa digital en la nuca no es ponerle palos en la rueda a la seguridad; es cuidar nuestra dignidad. No dejemos que la costumbre nos adormezca la conciencia. La libertad se defiende todos los días, o se pierde en silencio, captura a captura.

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