María del Carmen Liñares | Montevideo
@|Estamos presenciando los albores de una lucha campal entre los militantes de los distintos partidos políticos, para ganar adeptos ante la próxima campaña electoral.
La población activista parece olvidar la objetividad de juicio de todo lo bueno y lo malo que cada gobierno tuvo en su accionar, enceguecidos con un único objetivo que es ganar las próximas elecciones nacionales, buscando desesperadamente todo aquello que pueda perjudicar al otro por eso de que el fin justifica los medios.
La realidad es que ni unos ni otros están actuando con la madurez política que corresponde, pues lo que aquí importa no son las banderas partidarias sino el futuro bienestar del país y sus ciudadanos.
Por donde se vea, todos los partidos políticos siendo gobierno nacional, tuvieron sus aciertos y sus errores y hoy no es hora de enumerar unos y otros como forma de vencer al contrario, sino que es el momento de conciliar intereses y planear estrategias por el bien común dirigido a mejorar la calidad de vida de los uruguayos.
Por momentos esta rivalidad hace acordar a la competencia futbolera que neciamente defiende a su cuadro a cualquier costo y sin elementos de prueba, por el simple hecho del amor a la camiseta.
No cabe duda que todos tenemos nuestras afinidades a un partido o a un candidato y es válido defender las ideas, pero siempre jugando limpio, con respeto y ética por quienes opinan diferente.
Llegar al gobierno de la nación es en realidad el mayor de los honores para cualquier ciudadano, siempre y cuando esa posición se haya ganado con el debido mérito, decencia y compromiso hacia la labor encomendada.
Esperemos que esta campaña tan crítica e inclinada a denunciar eventuales corrupciones públicas, cambie radicalmente, pues existe un hartazgo popular hacia estas luchas de poder que conflictúan aún más a los votantes, que lejos de banderas partidarias quieren vivir en un Uruguay democrático, justo e igualitario.