Carlos Asecas | Montevideo
@|Se cumplieron cincuenta años de un hecho que dejó en evidencia que la vida democrática de nuestro país estaba en crisis. Muchas circunstancias que se fueron acumulando dieron lugar a un debilitamiento de las Instituciones que culminó el 27 de junio de 1973, con el cierre del Parlamento por parte de las Fuerzas Armadas.
Lo que más animó a que éstas tomaran el poder fue su triunfo sobre las guerrilla tupamara, que durante años cometió asesinatos, secuestros y robos adiestrados por el gobierno cubano. Estos terroristas se consideraban los iluminados y decían representar al pueblo; ese pueblo que nunca los apoyó pues consideraba que se obtenía el gobierno mediante el voto popular y no por las armas.
El referente de ellos era el Che Guevara; que durante los primeros años de la revolución cubana ejecutó a más de ciento cincuenta personas en el cuartel de La Cabaña. Cuando vino a nuestro país, en el discurso que dio en la Universidad dijo que en el Uruguay era inviable hacer una revolución, pues estaban dadas las condiciones para obtener el gobierno en elecciones libres. A pesar de eso siguieron cometiendo delitos, dando pie a que los mandos superiores del Ejército y la Fuerza Aérea consideraran que ellos debían asumir el poder para encauzar la crisis. El mando superior de la Armada no apoyó esto y dio lugar a que el Vicealmirante Zorrilla presentara renuncia luego que el Presidente Bordaberry lo abandonó a su suerte.
El 9 de febrero de 1973, en ocasión del cambio de Ministro de Defensa designado por el Presidente Bordaberry se emitieron los Comunicados 4 y 7, donde las Fuerzas Armadas expresaron su desacuerdo con esta designación y expusieron otros criterios que dejaron ver que se estaba ante un Golpe de Estado, pues desconocían la autoridad del Presidente de la República. Los partidos tradicionales condenaron este alzamiento, sin embargo, quienes se consideran demócratas, el Partido Comunista y la CNT, apoyaron abiertamente esta insurrección, pues creían que podían sacar alguna ventaja.
Las páginas de El Popular hacían concordancia con los Comunicados 4 y 7 y lo identificaban como la diferencia entre oligarquía y pueblo.
No es extraño, pues la izquierda apoya las dictaduras de Nicaragua, Cuba y Venezuela. No apoyaron la dictadura de Pinochet porque persiguió a la izquierda; sino también lo hubieran hecho.
Los años pasan y la izquierda sigue sin reconocer que apoyaron el Golpe y dan excusas sin sentido.
Recientemente, un conocido dirigente comunista escribió una nota en referencia a los hechos de Febrero de 1973 y parece querer tomarnos el pelo cuando dice: “El PCU, FA y la CNT apoyaron los comunicados 4 y 7 de febrero de 1973, pero de ninguna manera significa apoyar el golpe de Estado”. Eso es como decir que apoyo lo que dice Maduro, Díaz Canel y Ortega, pero no reconozco que son dictadores.
Esto demuestra que la izquierda está dispuesta a conseguir el poder de cualquier modo. Su caldo de cultivo son los pobres, a los cuales les prometen maravillas que nunca van a cumplir, porque los necesitan en esa situación social para obtener el voto que emiten con esperanza.
No se deje engañar con mentiras; la forma de combatirlos es lograr que la gente acceda a educación de calidad.