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¿Estabilidad o crecimiento?

Ex consultor empresarial | Montevideo
@|Las recientes informaciones sobre la evolución de la economía uruguaya y las manifestaciones de organizaciones empresariales expresando preocupación por la situación y sus perspectivas dejan una conclusión que merece atención: Uruguay no enfrenta una crisis económica, pero sí el riesgo de acostumbrarse a un crecimiento insuficiente.

El país cuenta con fortalezas que no deberían minimizarse: estabilidad institucional, seguridad jurídica, un sistema financiero sólido e indicadores macroeconómicos razonablemente equilibrados. Pero esos logros, por sí solos, no garantizan mayor prosperidad. El desafío parece estar ahora en otra parte: cómo transformar estabilidad en crecimiento.

Las preocupaciones empresariales referidas a costos, competitividad, productividad, infraestructura, logística y exceso de trámites deberían ser consideradas con atención. No necesariamente porque todas sus propuestas deban aceptarse, sino porque las empresas constituyen uno de los principales motores de la inversión, el empleo y las exportaciones.

Uruguay debería concentrar esfuerzos en mejorar la productividad, facilitar la inversión, reducir costos evitables, simplificar regulaciones, incorporar nuevas tecnologías e inteligencia artificial y adecuar la capacitación laboral a las necesidades de una economía que está cambiando rápidamente.

Hay además una cuestión estructural que no deberíamos perder de vista.

Un país pequeño como Uruguay no puede competir fundamentalmente por volumen; debe hacerlo por productividad, conocimiento, calidad y capacidad de agregar valor.

Esto requiere una visión que trascienda los períodos de gobierno. Sería conveniente procurar acuerdos básicos entre autoridades, empresarios, trabajadores y sistema educativo sobre algunas metas nacionales: mayor inversión, aumento sostenido de la productividad, mejores empleos y mayor capacidad exportadora.

No se trata de transmitir pesimismo ni de desconocer los avances alcanzados. Tampoco de esperar que el Estado resuelva por sí solo los problemas de la economía.

Se trata de reconocer que la estabilidad es una condición necesaria, pero no suficiente.

El verdadero desafío para Uruguay podría ser pasar de una economía que ha sabido preservar razonablemente sus equilibrios a otra capaz de generar, en forma sostenida, más riqueza, más oportunidades y mejores condiciones de vida.

En definitiva, el desafío no debería ser solamente evitar una crisis, sino evitar el estancamiento.

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