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El problema de los cubanos

Gonzalo Downey | Montevideo
@| Hace pocas semanas se cumplieron 64 años del triunfo de la Revolución Cubana y la instauración de la dictadura más prolongada del mundo occidental. Poco tiempo después, el 12 de febrero de 1961, Fidel Castro anunció que promovería intervenciones revolucionarias en toda América Latina; premisa que quedó consagrada en la II Declaración de La Habana de 1962, una auténtica declaración de guerra contra las democracias liberales del continente y la promesa de hacer de Los Andes “otra Sierra Maestra”.

A lo largo de estas casi siete décadas, dicho régimen dictatorial ha promovido intervenciones en todos y cada uno de los países de América latina, ya sea directas (Panamá, Nicaragua, República Dominicana o Haití), indirectas (envío de armas, tropas y financiamiento, como el envío de 200 toneladas de armamento a El Salvador o Carrizal Bajo en Chile) o ideológico-estratégicas, apoyo logístico y de asesoría técnica (políticas, de formación y capacitación de cuadros militantes y copamiento de instituciones internas, como las Fuerzas Armadas venezolanas). Paralelamente, se ha financiado y/o apoyado desde la formación política a movimientos internos, político-partidistas y sindicales, bajo la promesa propia de los populismos autoritarios, de lograr la verdadera independencia de nuestros países a partir de la refundación de nuestros Estados, esta vez sobre las bases de la ideología sostenida por la dictadura cubana y sus acérrimos seguidores.

Decenas de miles de exiliados, campos de detención, miles de muertos, perseguidos y torturados en medio de la más absoluta carestía alimenticia y de servicios, son parte del precio que ha debido pagar el pueblo cubano.

No obstante, el pueblo cubano es la primera víctima, no la única.

Una de las grandes fortalezas de la Dictadura es que la veamos como un asunto estrictamente cubano, cuando no es así. Mientras ese régimen esté allí, todas nuestras Democracias están bajo la amenaza de quienes utilizan el chantaje de revolucionar la política interna a cambio del silencio de los gobiernos respecto a su sempiterna presencia: mientras esa dictadura esté allí, todos nuestros países están expuestos a la injerencia directa, indirecta o ideológica-estratégica de quienes prometieron hacerlo.

La oprobiosa dictadura cubana, que hoy cumple 64 años, no ha sido ni es un “problema de los cubanos” sino de todos y cada uno de los hombres y mujeres que habitamos la América Latina, quienes debemos recordar día tras día, sin excepción, el duro calvario del pueblo cubano, la primera víctima, y los riesgos para la Libertad y la Democracia de todos nosotros, sus víctimas permanentes.

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