El Gramillero | Montevideo
@|El discurso hepático del Frente Amplio -la reacción negativa básica sostenida- tiene su explicación en el contexto: el Uruguay entró en un período post frentista. El Frente Amplio perdió. No perdió todo ni mucho menos: perdió las elecciones. Pero en ese mismo tropezón perdió su discurso propositivo.
El Frente ya había perdido años atrás su discurso radical: la reforma agraria, la revolución popular y los soviets (o el PIT-CNT) al poder. Con la caída del muro de Berlín todo ese discurso se volvió impronunciable. Se les volvió peligroso: piantaba votos. Les cuesta mucho desprenderse de Cuba pero, como dice el libro de Liscano: de eso mejor ni hablar.
El discurso del Frente ganador en primera vuelta, primer gobierno de Vázquez, tuvo sus propuestas, compartibles o no, pero razonables para el Uruguay. Eso desapareció del discurso frentista actual: solo queda la bilis en reiteración cotidiana. El discurso hepático.
Ante la carencia de discurso los dirigentes frenteamplistas han recurrido a especialistas de la comunicación; esos que se creen magos de la imagen y que han conseguido que muchos políticos, de todos los partidos, los visiten y les prendan velas (y les paguen fortunas). Uno descubre rápidamente la mano del publicista en los discursos del Frente. Son típico producto de asesor publicitario frases como: el gobierno está distraído (Fernando Pereira) o: el gobierno no tiene rumbo (Carolina Cosse).
Se trata del tipo de producto publicitario como aquel cuando la LUC que decía: la LUC no es uruguaya. ¿Qué quiere decir? Nada, cero contenido político, solo apuesta al efecto publicitario. Frases de ese tipo van a seguir apareciendo en el discurso frentista. En ese vacío toma su lugar el discurso hepático.
El gobierno ofreció a consideración de la ciudadanía sus planes y su rumbo. Lo ofreció cuatro veces: en las elecciones, en el ballotage, en las municipales y en la LUC. Y cuatro veces la mayoría de los uruguayos le dijo que sí. ¡Cuatro veces! Así no hay hígado que aguante.