Nicolás Etcheverry Estrázulas | Montevideo
@|Muchas veces se critican algunas normas penales por la falta de coherencia entre los delitos que tipifican y las sanciones que establecen. No es el momento ni el lugar para sumergirnos en aguas tan profundas y turbulentas. Sobre todo si se presta para procurar réditos políticos de unos y otros sectores. Me refiero a lo que en los últimos tiempos se designa como judicialización de la política o politización de la justicia.
Pero es oportuno señalar otro campo en el que puede haber similitudes: las multas que se aplican por infracciones en el tránsito. ¿Es justo y conveniente aplicar el mismo monto de multa a un conductor que circula a 73 kms por hora que a uno que lo hace a 95 en zona de velocidad máxima 60? ¿Y si hubiera circulado a más de cien, también es conveniente continuar con el mismo criterio?
Las preguntas vienen a cuento por dos casos recientes:
a) Un conductor que transitaba por la Rambla montevideana a las 9 am a 80 kms por hora en zona de Máximo 60, fue multado con 8 UR (unos $ 12.000).
b) Un conductor que transitaba por la ruta 5 y que comenzó a pasar vehículos en zona prohibida por dos rayas (fue filmado por otro que se percató de la imprudencia y del peligro que estaba generando) fue multado… También con multa de 8 UR (otros $ 12.000).
No es menor agregar que el primer conductor lo hacía en un momento en el que la Rambla estaba bastante despejada, sin ningún tipo de congestionamiento de tránsito, mientras que el segundo, y esto lo comprobaron miles de personas que vieron la filmación pues se hizo viral, no provocó de milagro y gracias a las atinadas maniobras de otros conductores, una tragedia que podría haber costado lesiones y la vida de varias personas.
¿Hay lógica y sensatez en la aplicación de la misma sanción para estas dos situaciones?
Lo primero que puede nacerle a quien analiza los dos casos es lo siguiente: o bien la primera multa es excesiva, o bien la segunda es demasiado baja y leve.
La falta de gradualismo en las sanciones genera a la vez una rigidez que sofoca y desanima. Porque el sistema elabora unos casilleros demasiado grandes en donde se colocan situaciones y casos que poco tienen que ver entre sí. Entonces la máxima aristotélica que identifica a la justicia como tratar de forma igual a los iguales y de manera desigual a los desiguales se desvirtúa y transforma en objeto de burlas y termina por generar indiferencia.
Con un sistema de multas de tránsito como el nuestro, tan rígido y tan amplio a la vez, Aristóteles se escaparía de apuro de nuestro país, aunque con (y por) seguridad no lo haría en automóvil.