Email: ecos@elpais.com.uy Teléfono: 2908 0911 Correo: Zelmar Michelini 1287, CP.11100.

Declaraciones del senador Da Silva

María del Carmen Liñares | Montevideo
@|Aunque parecería que nada más en materia de política podría sorprendernos, surgen las muy ofensivas declaraciones del senador blanco Sebastián da Silva en las cuales criticó al gobierno agregando que estaban manejando al país como si fueran “descendientes de Galicia”. Textualmente: “Es un cuento de descendientes de Galicia señor presidente; estamos gobernando como descendientes de Galicia”, según consta en la versión taquigráfica. A lo cual el senador frenteamplista Gustavo González le respondió correctamente que él era “nieto de gallegos” y que no iba a permitir que en el Senado de la República se menosprecie a ningún pueblo: “Menos de un pueblo que ayudó con sus migrantes pobres… a levantar nuestro país junto a italianos, armenios, judíos, vascos”.
Aplaudo las declaraciones del senador González, a pesar de que dejo constancia de que no pertenezco al partido de gobierno.
Posteriormente a estos hechos, la comunidad de gallegos en el Uruguay expresó su dolor, rechazo y desconcierto al haber conocido las “lamentables palabras” del senador Da Silva, pidiéndole que “revea y rectifique” sus dichos. El colectivo gallego agregó que miles de personas de este origen “con su trabajo, dedicación y esfuerzo enaltecen al Uruguay y su cultura dentro y fuera de fronteras. No en vano hay una asimilación de los conceptos de honradez y trabajo a la galleguidad”, argumentaron.
Corresponde aclarar que soy oriental, tengo la nacionalidad española por ser nieta de gallegos que emigraron a Uruguay en el siglo 19, con las características de todos aquellos emigrantes de varios países que llegaron en condiciones de extrema pobreza, muchas veces analfabetos, sobreviviendo a fuerza de trabajo y sacrificio para su manutención y la de su familia.
Estos ancestros de tantos uruguayos, humildes y luchadores, que no pudieron quizás tener la instrucción escolar mínima, contaban a su favor con una enorme sabiduría para encarar la vida de la cual varios ilustrados compatriotas deberían aprender.
La ofensa está hecha, duele y es ilevantable. Lo que no puede ocurrir es que se omita la disculpa correspondiente, no se rectifiquen los dichos, o de lo contrario, deben aplicarse las sanciones pertinentes.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar