Esteban Szabados | Brasil
@|El terremoto de Turquía y Siria, debido al choque de las placas tectónicas Anatolia y Arábica, además de las víctimas humanas, destrucción urbana y consecuentes pérdidas económicas nos mostró el error humano, una vez más, en la prevención de desastres humanos.
Esa zona sísmica ameritaba una edificación y diseño urbanístico condicionado a su característica de zona de alto riesgo y vulnerabilidad.
Aunque esto ya se conocía, las construcciones no tenían estructura antisísmica, lo que aumenta la tragedia y las reponsabilidades asumibles.
Este trágico 2023 también sorprendió a habitantes y turistas del litoral norte del estado de San Pablo. Las incesantes y copiosas lluvias del domingo 19 de febrero provocaron deslizamientos con avalanchas de tierra y lama de los cerros, que mueren en las playas tropicales. Estos aludes destruyeron muchas casas de los balnearios, y dejaron decenas de muertos y desaparecidos.
Otra vez el error humano estuvo presente, pero ahora el error viajó de Turquía a Brasil. Esas casas estaban construidas en las laderas y bases de los cerros, regiones peligrosas y vulnerables.
En sitios diferentes del mundo se viven tragedias diferentes, pero la mentalidad humana parece igual: se utilizan pocos esfuerzos para prevenir.
En estos casos, prevenir es salvar vidas, la economía y la sociedad.