Ciudadano exigente | Montevideo
@|Según la información divulgada en estos días, la pobreza por ingresos en Uruguay bajó de 17,7% a 14,8% entre el primer semestre de 2025 y el de 2026, casi cien mil personas menos. Es una buena noticia y conviene decirlo sin regateos. Pero también conviene leerla con cuidado.
Primero: el dato es semestral y provisorio. Las cifras anuales del INE todavía no lo confirman, y hasta hace poco la mejora anual era de apenas siete décimas, de 17,3% a 16,6% en 2025.
Segundo: la encuesta no sigue a las mismas personas en el tiempo. Nadie puede afirmar con certeza quiénes salieron de la pobreza ni por qué. Los análisis disponibles apuntan a mejores ingresos laborales, favorecidos por las rondas salariales y la baja inflación, con un papel secundario, pero real, de las transferencias. Son hipótesis razonables, no conclusiones demostradas.
Tercero: la línea de pobreza es un umbral fijo y mucha gente vive pegada a él. Se dice que unas 282.000 personas están hasta un 20% por encima de la línea, y quedarían expuestas ante una pérdida de empleo o de ingresos. Al mismo tiempo, creció el número de quienes siguen bajo la línea, pero muy cerca. La frontera entre ser pobre y no serlo puede depender de unos pocos pesos.
Cuarto: el ingreso no lo mide todo. Una familia puede superar la línea y seguir sin saneamiento adecuado o con hijos que abandonan el liceo. Por eso el índice multidimensional que el INE comenzó a publicar es un complemento indispensable, y debería presentarse junto con la cifra de ingresos.
Quinto, la infancia sigue siendo el punto más duro: aun con la mejora, se manifiesta que uno de cada cuatro niños pequeños vive en un hogar pobre.
No se trata de desconfiar de las estadísticas, sino de exigir que se presenten completas: la serie comparable, los márgenes de error y las carencias estructurales. Un país serio celebra sus avances, pero no deja que un solo número cuente toda la historia.
Datos sobre la pobreza
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