En estos tiempos de tan avanzada tecnología, donde al golpe de un click, el usuario de un ordenador, puede acceder a la información que se proponga, nos preocupa la prevalencia de informaciones con clara intencionalidad política, que no se compadecen con la realidad y que buscan solo llevar agua para su molino.
En otra opinión, donde señalábamos la persistencia en difundir conceptos falsos y repetirlos, sobre la supuesta “insensibilidad” del gobierno de coalición, a quienes insisten en presentarlo como gobernando para los “malla oro”, apuntábamos a la necesidad de contar con comunicadores profesionales que puedan trasmitir verdades sobre los avances y logros que se vienen dando. Aunque el problema estriba en que, estas otras verdades puedan ser comprendidas por los destinatarios, quienes tendrán a la postre, la gran responsabilidad de inclinar la balanza electoral.
Muy duro es conocer que, los estudiantes de los centros públicos de enseñanza, no solo desertan en un porcentaje para preocuparse, sino que además su “comprensión lectora” no va mucho más allá que la literalidad. Esto significa que, son capaces de leer literalmente —aunque con cierta dificultad— el párrafo de un texto sobre el que se les solicita opinen, pero no alcanzan a interpretar con sus palabras ese texto que leen.
Han tomado estado público resultados de evaluaciones educativas realizadas por técnicos del Ineed (Instituto Nacional de Evaluación Educativa, en su informe “Aristas” de 2018 y 2020) que dejan al descubierto que ocho de cada diez estudiantes liceales (esto es un 80%) ”no logra comprender un texto que lee”. Esta gravísima comprobación, pone de manifiesto ese declive de nuestro nivel educativo y desnuda “problemas de aprendizaje”, que se arrastran desde los primeros años escolares. Pues se ha comprobado que los alumnos de enseñanza pública que acceden al Ciclo Básico, solo pueden hacer una “lectura literal” de un texto, pero no alcanzan a efectuar una “lectura crítica” ni menos una “inferencial”, pues carecen de conocimientos o herramientas para lograrlo.
Ello nos lleva a destacar esta realidad, la que también nos afectará y en gran forma, pues solo dos de cada diez jóvenes en edad liceal, se presentan con la capacidad para realizar la lectura de un texto en “todas sus dimensiones”, lo que les posibilita explicar con sus propias palabras el párrafo de un texto que hayan leído, llegar a comentarlo y aún formular las posibles críticas que elaboren a su respecto.
Cabe legítimamente preguntarse ¿qué tipo de ciudadano estamos formando? ¿Cuál será el análisis que podrá efectuar quien apenas lee en una sola de las dimensiones el contenido de un texto? ¿Podrá este joven y futuro ciudadano, analizar un programa de gobierno? O será presa fácil de oportunistas o demagogos de la política, que buscarán darles “todo resuelto, todo digerido” para “ahorrarles el análisis” que en puridad saben que no tienen capacidad de realizar por sí mismos. Ciertamente, preocupante.
¿Cómo podrá este futuro ciudadano ejercer válidamente su posibilidad de optar? ¿Podrá elegir? O solo seguirá un rebaño, sin mayores pretensiones…