Coalición Republicana (parte III)

Dr. Eugenio Baroffio Abadie | Montevideo
@|Sigo aludiendo a la columna del Dr. Ignacio de Posadas del 27 de setiembre, en que rechaza la idea del uso de un lema único electoral para sumar los votos de todos los partidos integrantes de la Coalición Republicana.
Para empezar advierto que emplea indistintamente las expresiones “partido” y “coalición” como si fueran lo mismo y ya dije que no es así. Las diferencias sustanciales entre uno y otro radican en su permanencia en el tiempo, sus objetivos y su estructura jurídica. Mientras que conceptualmente, un partido implica una organización estable con una doctrina unificada (y yo agregaría que con un pasado histórico y antecedentes comunes), la coalición es una alianza temporal entre diferentes partidos con el propósito de alcanzar una meta común electoral o específica de gobierno. La coalición no desvanece la identidad de los partidos que la integran y se conforma sobre la base de un acuerdo programático mínimo que les permite concentrarse en los objetivos en que coinciden.
Ocurre que, en el caso de que nos ocupamos, que refiere específicamente al proceso político uruguayo, es notorio que doctrinaria e ideológicamente, las propuestas en que se divide el espectro de opiniones, permite distinguir claramente dos tendencias que a -“grosso modo”- pueden marcar la división entre corrientes republicanas, democráticas y liberales por un lado y tendencias socialistas (generalmente marxistas), con ribetes populistas y corporativistas que no han vacilado en apoyar internacionalmente, por acción u omisión, a regímenes francamente autocráticos o totalitarios.
Yo creo que en esos conceptos se encuentra fácilmente “el ideario” que el Dr. de Posadas reclama. ¿Le parece poco esa diferencia existente entre una coalición integrada por comunistas, socialistas y Tupamaros por un lado y Blancos, Colorados e Independientes o Cabildantes por el otro? ¿Tanto trabajo le va a dar encontrar de qué lado ha de colocarse a la hora de elegir con quién sumar votos y con quién aliarse para gobernar?
Nadie le reclama resignar su interpretación de la historia, ni sus ideas o pasiones, ni dejar por el camino esa “mística” que él encuentra en su Partido Nacional. Lo que razonablemente tenemos el derecho de exigir de una persona inteligente y culta, es que no se elija morir abrazado a una “fibra emotiva”, mientras “la razón” demuestra que con ello se compromete el destino de generaciones condenadas al derrotero de servidumbre al que conduciría la subsistencia de un gobierno de comunistas y Tupamaros (peleándose entre sí, por si fuera poco, aunque siempre sumando votos en la elección). No adecuarse a las reglas que imponen las normas electorales, mientras que sí lo hace el adversario, es un error y no una virtud. (Continuará).

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