Dr. Eugenio Baroffio Abadie | Montevideo
@|Continúo en ésta, ocupándome de controvertir al Dr. Ignacio de Posadas, en su columna del 27 de setiembre, donde manifiesta su oposición al uso de un lema único en la comparecencia electoral de los partidos de la Coalición Republicana.
¿Por qué habría de mediar dificultad en votar con un lema único para partidos que se han reunido en segundas vueltas electorales desde 1999 y han gobernado en coalición desde 2020 hasta 2025? Adviértase que, ejerciendo el gobierno, la Coalición Republicana ha padecido menos disidencias que las que históricamente habían existido en muchos gobiernos de un mismo partido. ¿Cómo puede un Blanco -como el Dr. de Posadas- olvidar los costos que pagaron por la división en dos lemas durante el lapso en que duró la escisión entre Partido Nacional y Nacionalistas Independientes a lo largo del Siglo XX?
El columnista reconoce la “fuerza” del argumento, que él supone “central”, de quienes sostenemos la conveniencia del lema único. Admite que instrumentalmente es conveniente, porque evitaría que se perdiesen bancas que “las reglas de nuestra estructura electoral” transfiere desde los lemas menores hacia los mayoritarios. No puedo sino coincidir esta afirmación porque reconoce una poderosa razón de conveniencia de la alianza electoral aludida.
Si en vez de comparecer divididos en varios lemas, todos los que habían integrado la Coalición Republicana hubieran votado con lema común en el 2024, el Parlamento tendría una composición muy distinta a la actual y esa composición sería mucho menos proclive a habilitar la operación de “demolición”, de muchos de los logros de la administración pasada, que está haciendo este gobierno.
La experiencia también fue exitosa en lo departamental, no sólo porque proporcionó el triunfo de la coalición donde se empleó un lema, sino también porque se perdió en casos en que se eludió esa posibilidad.
Va de suyo que en los casos de Montevideo y Canelones, la coalición todavía no ha servido para ganar, pero sí que ha mejorado las posibilidades.
Casi no vale la pena replicar al argumento de las dificultades “en aspectos más bien logísticos y organizativos” -al decir del columnista- porque él mismo admite que son superables. Baste decir que el Frente Amplio ha encontrado el camino y si bien no desearía la misma instrumentación para el caso de una Coalición Republicana unida en un lema nacional, vale el ejemplo y admítase que requerirá un esfuerzo que, contrariamente a lo que el Dr. de Posadas sostiene, bien vale la pena. Porque aunque no se trate de una suma matemática que garantice ganar la elección presidencial (que siempre, y dado el panorama actual, se resolverá en una segunda vuelta) bien que modificaría la conformación parlamentaria y, con ello, el control de las acciones del gobierno en una enorme cantidad de temas sustanciales.
Se pregunta el Dr. de Posadas “cómo determinar la identidad de la tal coalición y cómo acordar su ideario, sus ideas fuerza y su estrategia”. “Cómo hacer para que ese nuevo partido tenga un mensaje que sea, a la vez, neto y atractivo, que entusiasme a todo el espectro de su nuevo electorado”. Y concluye que no sería “Nada fácil”.
Aunque luego aclara que no sería ese el motivo principal de su rechazo a la iniciativa, bien vale dedicar unas líneas a comentar estas objeciones. A ello dedicaré una tercera carta.
Coalición Republicana (parte II)
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