Dr. Jorge W. Álvarez | Montevideo
@|El espectáculo que dio el miércoles pasado la Cámara de Diputados en la interpelación al Ministro Heber, fue realmente bochornoso.
La oposición ha tomado los medios parlamentarios como armas arrojadizas para hostigar al gobierno. Lisa y llanamente, no lo soportan, dejando traslucir un irrefrenable sentimiento de odio que todo lo envenena.
Se podría decir que junto a la central sindical fasci-comunista la oposición vive del bochorno y del escándalo, sin importarle un rábano los intereses superiores de la población. Hay en su proceder una especie de determinismo psicológico que desde el subconsciente le impulsa a oponerse a todo, fiel a un único objetivo: arrinconar al gobierno de tal forma que no pueda encontrar una salida para el bien común.
Vanos intentos que, justamente, están provocando el efecto contrario, toda vez que la aprobación del Presidente Lacalle Pou sigue concitando altos niveles de aprobación que afianzan los aciertos de su gobierno.
La interpelación pasada fue un caso de carnaval parlamentario donde decenas de diputados, previamente concertados, cargaron contra el Ministro con todo tipo de reproches y acusaciones durante varias horas, hasta la extenuación del interpelado. Perdido ya el sentido natural y obvio del llamado a sala, la sesión cayó en la vulgaridad del agravio gratuito y la sinrazón de la patota.
Quizás añoren los tiempos en que el Ministerio del Interior era un foco de amiguismo, favores y de mafiosos con tratos preferenciales, incluidas fugas aún sin aclarar. Y con la esposa del Ministro atendiéndose en el Hospital Policial y operando un tráfico de influencias que aún hoy asombra por la impunidad con que lo hacía.