Dra. Diva E. Puig | Montevideo
@|Me ha sorprendido el decreto que obliga a la castración obligatoria de perros y gatos.
No debería sorprenderme tanto porque la gestión del MGAP ha estado, desde el comienzo, dirigida contra los perros como culpables de la matanza de ovejas. Contra quien hay que dirigirse es contra sus dueños o quien los abandonó, pero no contra ellos que son víctimas inocentes de la malicia humana; si hacen eso es porque tienen hambre, como lo haría un humano.
Pero claro, es más fácil ponerlos en una cámara de gas.
Una vez, vi a la horrenda perrera cazar a una perrita que había ido a acompañar a su dueña a la escuela. Me quedé horrorizada. Llamé a la escuela y hablé con la directora explicándole lo sucedido y que mi deseo era ubicar a la familia de su pequeña dueña para ir a pagar la “multa” por el gesto de amor y regresarla a su hogar. Quedamos que pasaría por la niña y su maestra para ir a buscar a la perrita. La única condición que puse fue que yo no entraría, pues no soportaría tener que ver a los otros perritos esperando la ejecución, cuando yo no los podría salvar.
Al día siguiente y al cabo de unos minutos de entrar a la perrera, regresaron las tres. La niña iba con la perrita y ésta no paraba de pasarle la lengua por la cara .
Durante todo el viaje los besos de esa perrita hacia su dueña fueron de las escenas más tiernas que he visto. Le demostraban amor profundo y agradecimiento por haberla sacado del infierno.
Por mi casa habrán pasado unos 30 perros, de ellos, solo una de raza y comprada. Y varios gatos. Todos están en mi corazón. Y recuerdo el caso de Mulita, la perrita de un tío mío, que lo acompañó hasta su despedida final.
Casos de fidelidad animal abundan. Ejemplo: Astar, la perrita ovejera alemán que en Düsseldorf amamantó a un niño durante cuatro años cuando fueron encontrados. Luego Alain Delon quiso adoptar a ambos pero no se lo concedieron. O el perrito que todos los días iba a esperar a su dueño a la estación del tren donde se bajaba al regresar de su trabajo, en Japón, y el día que falleció ahí seguía. No hace tanto, fue conocido el caso del perrito que luego de fallecido su dueño a quien esperaba en la puerta del Hospital Maciel, se quedó allí hasta que falleció.
Pero Uruguay está atrasado en siglos en su obligación de protección de animales.
Los perros y gatos tienen la voz de sus dueños.