Jorge A. Bosch | Montevideo
@| Mucho se ha hablado y probablemente se hablará sobre este caso que cada vez toma caminos más estrafalarios y derivaciones más fantasiosas; sin embargo, a nuestro juicio bastaría un poco del “menos común de los sentidos” para que todo se redujera a sus reales proporciones.
En efecto lo que podríamos llamar “Romance de un fanfarrón y dos ingenuos”, a poco que se analice debería retornar a su real entidad.
El primer ingenuo: el Presidente; no se puede ser tan despreocupado para comerse “tal garrón” como él mismo reconociera. Es necesario poner más atención al entorno, los “amigos” y un largo etc. Hay cosas que se deben tomar en serio aunque parezcan banales.
El fanfarrón: Astesiano; delincuentillo menor a la caza de lo que saliere, con contactos en jerarquías permeables de la policía, y poco más. La prueba; se acopló al caso de los pasaportes (que ya venía de antes) cuando creyó que podría sacar ventajas, sin embargo no llegó a nada, salvo la condena por asociación.
La Fiscal reconoció que se le daba más condena de la merecida, aunque por supuesto no contentó a las fieras.
El otro ingenuo: El Sr. Leal, ¿que alguien lo engaño? Parecería obvio. No sabe explicar a los medios de manera clara y entendible a qué fue a visitar al padre de Astesiano.
Después... la oposición en busca de réditos políticos, alguna prensa filtrando desinformaciones en masa y la incipiente grieta política hicieron el resto.
Elemental, Sherlock, elemental.