Prof. Sheina Lee Leoni | Montevideo
@|Termina otro Carnaval, el cual, reconozco, casi no le presté atención. Al igual que tanta gente, especialmente gente joven que ni conoce lo que es un tablado, salvo de vista, o porque escucha a sus padres nombrarlos o ir de vez en cuando.
Y cuidado, que si las nuevas generaciones no concurren, en un futuro los espectáculos no tendrán razón de ser.
¿Es solamente un asunto monetario?
De ninguna manera, claro que es difícil participar pese a la ayuda de tarjetas, sorteos y más que dan dos entradas por una, pero para una familia en la cual sean cuatro, se complica. Ni hablar de comer o tomar algo; algunas veces parece que fueras a cenar al restaurante más fino.
Sin embargo, el tema sustancial está en el contenido que ofrecen la mayoría de los conjuntos. Amo el rubro parodista, y los vi prácticamente todos. Este año suprimí el Teatro de Verano para alguno de ellos (justo están entre los que obtuvieron los primeros lugares) porque fue tan paupérrimo el contenido que me dormí mirándolos en la tele. No valía la pena pagar una entrada para escuchar tanta palabrota y chistes tontos o groseros. Y hay muchas personas que conversamos y coincidimos en eso (de todos los niveles sociales, partidos, religiones). No es excusa decir palabrotas porque son “Pueblo”. Eso más bien es para justificar la falta de creatividad e iniciativa que se luce cada vez más en Carnaval (salvo excepciones). Escuchar dos o tres murgas es suficiente, todas repiten lo mismo como disco rayado. Vergüenza ajena. Trajes maravillosos, voces estupendas, tecnología, pero falta lo principal: contenido atrayente (otra vez, reitero, salvo excepciones).
Atrás quedaron parodias como El Hombre Elefante, Evita, En nombre de la Rosa, Pinocho, Juan Salvador Gaviota y tantas otras que pasaron a la Historia por su calidad y jerarquía. Y no había tanta tecnología ni exigencias. Los viejos salpicones como el Colchón, El Padre Propóleo que te mataban de risa.
Siempre se criticó al Gobierno, pero con educación y gracia.
En fin, no soy jurado ni “comentarista” así que supuestamente no entiendo nada, pero sí reconozco que ya no me interesan los fallos como a tanta gente que tiempo atrás se levantaba de madrugada a ver quién había ganado.
Dirán es otra sociedad, claro, porque todo cambia; pero sería interesante que un supuestamente “espectáculo popular” encontrara la forma de colaborar en subir el nivel cultural y no bajarlo como está sucediendo.
Seguramente no llovió, porque Momo estaba tan aburrido que quería que terminara rápido. Una pena pero, más que nada, una autocrítica que se deberían hacer los directores de los conjuntos para que esta importante fiesta popular siga teniendo futuro. Todo un año para pensar. Hasta el 2024.