El 2024 comenzará con dos guerras de objetivos extraviados. Ni Putin ni Zelenski ni Netanyahu llegaron al final del 2023 con sus objetivos plenamente alcanzados.
En la guerra que destruye a Ucrania, es el presidente ruso el que concluye el año más aliviado. La tan anunciada contraofensiva ucraniana no pudo atravesar el sistema de fortificaciones y campos minados con que el ejército ruso blindó los territorios que ocupa.
Los tanques alemanes Leopard ni los británicos Challenger ni los norteamericanos Abrams alcanzaron para cruzar las líneas defensivas rusas y llegar hasta Crimea y hasta la costa del Mar de Azov, como se proponía Volodimir Zelenski. La fatiga del aparato de guerra se hizo visible en ambos bandos, pero el lado ruso lo sobrelleva mejor por la abrumadora superioridad numérica de sus fuerzas y por el masivo aporte de municiones que le hizo el régimen norcoreano.
Es precisamente en ese punto, el de la provisión de armamentos y municiones, donde Ucrania está perdiendo una batalla crucial. Las potencias europeas empiezan a retacearle ayuda y en Estados Unidos los republicanos están trabando en el Congreso el aporte que los ucranianos necesitan desesperadamente para continuar combatiendo al ejército invasor.
Zelenski sabe que si Trump regresa a la Casa Blanca en los comicios del 2024 y si así lo siguen vaticinando las encuestas en los próximos meses, no tendrá chance alguna de recuperar la totalidad del territorio ocupado por Rusia. Ergo, no podrá alcanzar el objetivo que se fijó desde el inicio de la invasión: expulsar totalmente a los rusos de los territorios que pertenecen a Ucrania desde mediados del siglo XX.
Haber salvado Kiev de la ofensiva inicial rusa lanzada desde Bielorrusia y haber recuperado Kherson y gran parte del Este que habían ocupado los rusos, no es poco, sino una verdadera proeza militar. También lo es mantener a Ucrania independiente de Moscú e incorporando a la Unión Europea (UE). Pero recuperar el sureste actualmente ocupado por Rusia, parece imposible.
Si Putin ha dado señales de disposición a aceptar que la guerra se congele definitivamente en este punto, es porque también su ejército está fatigado y difícilmente pueda avanzar significativamente sobre territorios hoy en manos de Ucrania. De tal modo, aunque habrá expandido el territorio ruso, habrá quedado lejos del objetivo que se planteó al lanzar la invasión: anexar la mitad de Ucrania y dejar la otra mitad bajo un régimen títere de Moscú que renuncie a sumarse a la OTAN y a entrar en la UE.
También habrá fracasado su intento de impedir el crecimiento de la OTAN en sus fronteras, ya que Suecia y Finlandia se están incorporando precisamente por la invasión a Ucrania.
En síntesis, de consolidarse en el 2024 lo que dejó planteado el 2023, la victoria de Putin será limitada y pírrica.
También apunta a quedarse con una victoria pírrica Benjamín Netanyahu, porque el daño militar causado a Hamas no compensará el daño que la destrucción y las muertes civiles ocasionadas por la ofensiva en la Franja de Gaza causará a la imagen de Israel ante el mundo.
En términos convencionales, la ventaja es de las fuerzas israelíes. Han establecido el control sobre la casi totalidad del norte del territorio y avanzan sobre Khan Yunis y los demás rincones del sur, sin que la organización terrorista pueda detenerlas aunque haya matado a más de centenar y medio de soldados.
Sin embargo, aún no han logrado capturar o eliminar a Yahya Sinwar, máximo líder de Hamas en Gaza. Tampoco pueden afirmar que hayan reducido significativamente al Ezedim al Qasem, brazo militar de la organización terrorista, ni a la milicia aliada Jihad Islámica Palestina.
En relación al precio que está pagando en bajas propias, los logros de Israel pueden ser significativos. Pero no lo son en relación al altísimo precio político que está pagando su imagen ante el mundo.
Lo logrado en materia de bajas de Hamas y destrucción de sus arsenales es poco en comparación a la ola de protestas y repudios que han generado a escala global las miles de muertes civiles y la devastación causada en las ciudades de Gaza y Khan Yunis, y en los campos de refugiados del territorio gazatí.
Esa es, precisamente, la estrategia iraní: estigmatizar a Israel y a los judíos como criminales. Los resultados de esta estrategia se dan en el largo plazo, pero en lo inmediato se perciben las señales del efecto que tendrá.
La señal más clara es que el mundo concluye el 2023 hablando, no de las masacres y violaciones perpetradas por el terrorismo sanguinario de Hamas en kibutzim y aldeas agrícolas del sur de Israel, sino de la destrucción y las muertes que los israelíes están causando a la población civil de la Franja de Gaza.