Confieso que escribir sobre nuestro Presidente y sus desventuras no me es fácil. No quisiera sobrepasarme ni menoscabar nuestra convivencia política, pese a que me consta que lo ocurrido no fue un problema menor centrado en el modo en que un ciudadano administra sus recursos. Aquí lo que cabe analizar primero y valorar jurídica y moralmente luego, es el accionar presuntamente irregular de un candidato electo a la Presidencia de la República en días previos a su asunción. Teniendo en cuenta que la ley 19.823, prohibe a los funcionarios públicos aceptar regalos, promesas y otras ventajas. Y que la ley 17.060 estatuye normas éticas a observar en la función pública.
Sobre los hechos casi todo se ha dicho. Quedan dos aspectos fundamentales por aclarar. Procuraremos separarlos para ser lo mas objetivos posible. Al electo Yamandú Orsi una empresa de plaza le vendió un vehículo con un precio muy por debajo de su cotización de lista. Nadie sabe por qué lo hizo. Tampoco nadie osó preguntárselo. Una respuesta clara hubiera colaborado a disipar dudas sobre el cuestionamiento al Presidente.
El segundo hecho, tardíamente conocido, luego de torpes y reiteradas “aclaraciones”, fue la “donación” de una camioneta Renault, efectuada previamente a Orsi por la Empresa Car One, aparentemente para su uso en la campaña electoral. Con ella, como luego supimos, se abonó parcialmente la Hyundai posterior. En tanto este Renault no se empadronó, solo se rifó sin éxito, se desconoce a quien fue originalmente donado, o si, como es usual, se trató de una donación modal, es decir con la obligación de utilizarla para un fin determinado. El hecho que Orsi admitió que reintegró su valor al Frente, hace pensar que nunca fue suya, salvo que se acepte la absurda tesis de la donación personal, que en seguida comentaremos. Es igualmente tonto pretender que quien decidía sobre la propiedad (o la disposición) de lo donado fuera la Comisión de Campaña. Como si se pudiera, desconocer la voluntad del donante.
Terminada la campaña Orsi y su Comisión sostienen haber regalado al Frente Amplio, alrededor de 400.000 dólares sobrante de la campaña, entre ellos, aseveran, el precio de la Renault ya vendida. Algo que reconocen no pueden probar. No pueden porque sus dichos son insostenibles. ¡Si no lo hubieran “donado”, como afirman, se quedaban con ese excedente? ¿Quién, Orsi o la Comisión?
Sobre el tema jurídico de fondo nada diré, solo me referiré a las apreciaciones que al respecto realizó Jorge Díaz. Según ellas Orsi no es responsable, porque aun no era Presidente cuando adquirió el vehículo. El comentarista parece confundir el Código Penal con el Código de Ética; ignorar la distinción de las normas como reglas o principios y afirmar, como sugirió, que al no delinquir Orsi no infringió normas éticas. Demasiados yerros del Secretario en un solo comentario.
Por último sigo creyendo que Orsi es una buena persona. Sucedió, como a tantos le ocurre, que le gustan los automóviles. Ante el ofrecimiento de uno no pensó en las consecuencias. Una imprevisión, entre otras, que demuestran sus limitaciones para su alto cargo. Por ello, sin dejar de denunciar sus deslices ayudarlo a superarse es responsabilidad de todos, oficialismo y oposición.