Vayamos al cómo

En las últimas semanas se abrió lugar en la campaña la discusión programática. Se presentaron programas, bases programáticas y propuestas a la ciudadanía de cara al próximo quinquenio. Se trata de una etapa saludable del debate político, sin embargo creo que es importante salir de la superficie.

Todos estaremos de acuerdo en la necesidad de cuidar la primera infancia, de reducir los delitos o de atacar el desempleo juvenil. Sin embargo manifestar preocupación por estos temas no parece que sea ni remotamente suficiente para abordarlos. Se me ocurren tres vicios que las propuestas deberían, dentro de lo posible, intentar evitar.

Primero, hay que definir prioridades. Si hay algo que se enseña en cualquier buen curso de políticas públicas es que las necesidades son infinitas y los recursos finitos. Dar algunas referencias sobre cómo se van a ordenar las prioridades es imprescindible para saber cómo va a transcurrir un gobierno. No solo los recursos económicos son finitos, también los políticos y los temporales. El “ancho de banda” de un gobierno es acotado. Dar un listado de supermercado de cosas importantes que se deberían hacer sin decir nada acerca de la prioridad política y presupuestal que tendrán no representa un gran mérito.

En ese sentido, es evidente que haberse enfocado en sacar la reforma de la seguridad social “gastó” buena parte del tiempo y del capital político de este gobierno. Sin dudas fue un logro sustantivo, este modelo más sostenible y justo despejó el horizonte para que quien asuma el 1° de marzo de 2025 pueda “gastar” su limitado capital en otros grandes temas.

Segundo, creo que también es bueno hablar del cómo. Naturalmente que un programa de gobierno no puede ir al detalle. Pero, dentro de lo posible, debe intentar explicar las grandes líneas de implementación de una idea, cuál es la novedad que se propone con respecto a lo vigente. Creo que bajar los delitos y aumentar el empleo de calidad es una preocupación de este y de los anteriores gobiernos también, si no se desarrolla algo sobre “el cómo” poco valor se está agregando.

Lo tercero que se ve usualmente, y sería bueno no abusar, es la tendencia a proponer discutir algo. Se supone, que un programa de gobierno es fruto de una discusión y análisis interno de un movimiento o partido político. Puede existir algún tema donde las ideas no estén maduras y lo razonable sea proponer una discusión abierta o una comisión de trabajo sobre un asunto. Sin embargo, creo que más usualmente se usa esto como una muletilla para evitar decir lo que se quiere hacer o para decir algo sobre lo cual no hay nada concreto que se pueda hacer.

Cualquier documento programático que uno lea tendrá alguno de estos tres recursos, es razonable que así sea. Pero el abuso que a veces se ve de decir que todo es importante sin priorizar, de plantear preocupaciones en términos generales sin aclarar las acciones y de proponer estudiar o analizar los temas creo que es un mal síntoma que no nos permite contraponer ideas sanamente. La sana contraposición de ideas es indispensable para que tengamos una campaña que no se base en la discusión barata y personal, y como dice el presidente podamos discutir firmes con las ideas y suave con las personas.

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