La posible integración de Uruguay al “Escudo de las Américas”, objeto de polémicas entre parlamentarios, merece consideraciones fácticas, ético-políticas y prudenciales.
Que nuestro país no fue invitado al mismo es un hecho irrefragable. En el plano internacional las formalidades son decisivas. Ningún contacto informal las sustituye. El procedimiento debido no se cumplió y el presunto tanteo a un miembro de las Fuerzas Armadas, aun si fuera real, no suple la comunicación gobierno a gobierno. No vale insistir en necedades.
Analizando posibilidades la decisión de formar parte del Escudo, como fue bautizado este acuerdo, es realmente compleja y peligrosa. Particularmente porque el mismo se compone de un conjunto de pactos, discursos y documentos, poco conocidos, creados recientemente por el gobierno de los Estados Unidos para mejor intervenir en el continente americano. No solo el narco tráfico sino en cualquier otra área de su interés. Todo ello, con la explícita intención de sustituir el orden creado desde 1948 por las Naciones Unidos, utilizando para ello a la ultra derecha mundial.
Vale enumerar tales pactos y precisar su objetivo y funciones. El Consejo de la Paz, tiene por misión intervenir en la reconstrucción de la Franja de Gaza y en aquellos conflictos que dicho Consejo, “per se y ante se”, considere relevantes. Está presidido por Donald Trump (en su persona no como Presidente de EE.UU.), quien tiene poder de avocación, veto y mandato vitalicio.
La Carta del Doral es un documento de tipo regional, suscrita por 17 países americanos, actuando en forma conjunta para: a) combatir el narcoterrorismo, b) frenar la influencia extranjera, c) controlar las migraciones, d) fortalecer el comercio bilateral con EE.UU., restringir inversiones y concesiones en infraestructura a países ajenos a la OTAN, así como compartir datos de inteligencia e infraestructura entre los firmantes.
Escudo de las Américas, es un marco de tipo político-estratégico que dice apuntar a la protección de la región frente narcos y a regímenes autoritarios. Lo coordina Kristi Noemi ex Secretaria de Seguridad norteamericana, ferviente trumpista. Tiene secretarias adicionales todas ocupadas por personal norteamericano de pertenencia republicana. China es mencionada veladamente a menudo, específicamente en el “Anexo de Seguridad” del acuerdo, acusándola de actora de peligro sistémico. Sus integrantes se obligan asimismo a presentar un plan de mitigación de riesgos sobre su tecnología actual de origen chino.
Con estos tres acuerdos, expresamente entrelazados, Trump propicia la hegemonía de su país o de él mismo en el planeta fundamentalmente a través de la carta de Doral y la Comisión para la Paz que lo convierte en el primer y único árbitro internacional. No cabe duda lo peligroso que supondría para nuestro país integrarse a cualquiera de estos acuerdos. Equivaldría a subordinarnos clara e inequívocamente a los Estados Unidos en su fase trumpista además de, posiblemente, molestar a China, receptora del 30% de nuestras exportaciones. Duro es el vasallaje. Ello no nos inhibe de abandonar querellas internas y observar una política prudencial necesaria a la vista de la actual realidad internacional. En esto no hay partidos, hoy el silencio vale oro.