Mientras por un lado el gobierno corrió el plazo para llegar a un acuerdo para la construcción de la planta de hidrógeno verde con la empresa HIF global, y así darse tiempo para definir el precio que UTE le cobraría por el uso de su energía eléctrica; por otro lado, el intendente de Paysandú le propuso al presidente relocalizar la planta si finalmente se decidía construirla.
Se trata de una inversión que anda en los 5.300 millones de dólares y una apuesta interesante a la generación de fuentes de energía alternativas al petróleo, que provoca interés en todo el mundo. De hecho, se supone que la planta proyectada produciría unas 880 mil toneladas de lo que se denomina “eCombustibles” y que las primeras exportaciones, previstas para 2029, irían a Asia y Europa.
Que no se llegue a un acuerdo con UTE es, para la empresa interesada, un cuello de botella aunque el vicepresidente de UTE ha dicho que no es para tanto y que si bien se busca defender los intereses del ente estatal y de Uruguay en la negociación, UTE no será el escollo que impida que el acuerdo se alcance.
El problema es que la energía representa para HIF Global, según informó su gerente al diario sanducero El Telégrafo, el 70% de sus costos. En Paraguay, Chile y Brasil, los precios ofrecidos son más bajos y por lo tanto la empresa entiende que si no se avanza lo suficiente en estos meses de alargue, se podría priorizar otros destinos.
El otro nudo es donde ubicar la planta. De hecho, HIF Global ya lo tiene decidido, pero eso generó resistencias con Argentina en una situación que tiene mucho de “ya visto”: basta recordar lo sucedido hace algunos años con la planta de UPM y el virtual sitio impuesto al país con el corte de los puentes. Ahora, con el nuevo proyecto, surgieron fuertes reclamos de grupos ambientalistas de Colón, la ciudad argentina del otro lado del río, que entre otras cosas sostiene que la ubicación de la planta ofrece a Colón un brutal deterioro del paisaje. El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio llegó a decir que podría llevar el asunto a un juicio en La Haya.
Por eso el intendente de Paysandú planteó una alternativa. La preocupación es evitar otro episodio como el de Fray Bentos. Es importante que no haya una repetición de aquel conflicto, pero también importa tener claro los tantos otros aspectos que hay detrás de estas tensiones, cada vez que Uruguay alienta una inversión que implique una apuesta a nuevas formas de producción y por lo tanto de generación de riqueza.
En la época de la planta de celulosa, hubo una implacable presión de grupos sociales en Gualeguaychú, alentados por la demagogia de los Kirchner. Pero si se hurgaba un poco más, aún pese a cierta simpatía de los anti kirchneristas, a los argentinos en general no les gustaba la idea de que Uruguay sumara a su matriz productiva clásica, esto de la forestación y la producción de pasta de celulosa.
Los argentinos quieren, y mucho, a los uruguayos. Pero así como están, así como son. Que cuiden de Punta del Este, que produzcan carne, lana, trigo y soja como han hecho siempre, que sigan tomando mate y compitiendo con ellos para ver cual dulce de leche es más rico. Y punto: nunca pasar esa barrera.
Hubo cierta resistencia a que Uruguay afianzara, en su momento, todo lo maderero a su producción típica. Agregaba a esa matriz un nuevo frente que dejaba divisas y que se diferenciaba de lo tradicional. En ese momento, muchos argentinos celaban de que Uruguay tomara la delantera y se despegara solo.
Eso no iba a pasar. Para Uruguay lo de UPM fue una oportunidad única que al inicio generó discrepancias entre los grupos políticos, pero después terminó en una defensa unánime al proyecto, al punto que detrás de aquella planta en Fray Bentos, vinieron dos más. Pero nada de eso significaba que Uruguay tomaría la delantera respecto a su vecino.
Esa manera que tienen los argentinos de ver a los uruguayos no cede y que esté a punto de celebrarse el acuerdo con HIF Global, llevará a que desde la otra orilla se mire con atención lo que sucede acá. Más allá de si los ambientalistas de Colón tienen o no sus motivos para estar en alerta, en el fondo persiste esa desconfianza visceral: ¿en qué se está metiendo Uruguay con esto del hidrógeno verde?
Por lo tanto, es razonable que el intendente Olivera quiera allanar un escollo proponiendo un lugar diferente para ubicar la planta, pero no se puede ser rehén de este tipo de reclamo. Nada garantiza que, si la demanda es atendida, no aparezcan otras presiones desde Argentina. Esta película ya la vimos.
Uruguay hace bien en apostar a nuevas formas de producción para generar riqueza y convertirse, en ese terreno, en un país más interesante ante el mundo. La prioridad ahora debería ser la de sortear el escollo: el precio de la energía que obligó a pedir un alargue en las conversaciones. Mientras tanto, ¿qué sucederá con Argentina y sus objeciones? El tiempo dirá.