Una discusión diferente

Se viene gestando, sin mucho ruido y a buen paso, lo que eventualmente podrá ser la mayor inversión extranjera en nuestro país: la planta de combustible sintético en Paysandú. La empresa HIF Global está dispuesta a invertir 5.000 millones de dólares: bastante más de lo que supuso la instalación de UPM2 en Paso de los Toros.

Es buena cosa que este tipo de proyectos tenga cabida en la tematización pública: que se discuta y se opine. En su momento la inversión de la planta de UPM2 trajo discusión: en el Senado, en la prensa y en el boliche. Mucha discusión porque fueron grandes las concesiones que hizo Uruguay para conseguir los 4.000 millones de UPM2. Le tuvimos que pagar un ferrocarril para ellos (y casi un puerto), concederle una zona franca, asegurarle que UTE le compraría el sobrante de energía (y el precio) y hasta el caudal del Río Negro entre otros beneficios o facilidades. El gobierno del Dr. Vázquez (segundo gobierno) podría haber negociado mejor un acuerdo más favorable: después de todo los montes de eucaliptos ya estaban acá y la planta tendría que estar acá. Pero ha sido un beneficio para el país y la celulosa pasó a ser uno de los dos principales rubros de exportación.

El proyecto de inversión extranjera que está ahora en gestación es para una planta de combustibles sintéticos que se ubicará en el departamento de Paysandú, sobre la costa del río Uruguay. No le tenemos que construir un ferrocarril, no piden un régimen de zona franca y dicen que van a invertir 5.000 millones de dólares. Piden el uso del agua del río Uruguay y acordar con UTE el precio de la energía eléctrica.

Es saludable que el debate sobre estas grandes inversiones extranjeras tenga lugar tanto en la circulación de la opinión pública como en la discusión política (aunque para ello tenga que soportarse objeciones baratas y/o malintencionadas, tales como, por ejemplo, las que han comenzado a levantarse desde la Provincia de Entre Ríos. Otra vez quieren reproducir aquella prepotencia, escenificada en la cabecera del puente por cuatro años, durante la presidencia de Néstor Kirchner).

Hay otra vertiente o un ángulo diferente por el cual este tipo de tematización pública también resulta saludable en nuestro país. Todavía subsiste en ciertos ambientes, confinado a algún desván de la conciencia nacional, un complejo de “venas abiertas de América Latina”. Desde allí se mira con sospecha al inversor extranjero, expoliador por definición. En otras latitudes del continente esa expoliación fue muy real: hay algunos uruguayos que se esfuerzan tanto en hacerse latinoamericanos que incorporan para ello ese temor.

Otro segundo ángulo de enfoque que hace saludable la incorporación al debate público de la inversión de 5.000 millones de la empresa HIF Global en Paysandú es que introduce (o reintroduce) la vieja discusión uruguaya sobre las empresas públicas o el rol del estado empresario. También ese tema subsiste en algunos rincones del sentido común nacional referido a que algunos servicios o productos deben ser producidos por el estado, en empresas estatales y no por capitales privados: por ejemplo el alcohol y/o el portland.

Un país se educa a sí mismo cuando debate, con información y seriedad, este tipo de proyectos.

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