Una democracia diferente

Así, con esa frase surrealista y el desparpajo que caracteriza al mentiroso contumaz, suelen justificar al régimen cubano los representantes de la izquierda vernácula. Personajes que la realidad de la isla cárcel, como esos adhesivos llamados superglue, los deja pegados y repegados una y otra vez.

Son esos que se niegan a aceptar que el depositario de sus sueños y esperanzas de adolescentes los estafó sin misericordia. Por eso ahora les resulta tan difícil aceptarlo.

El que fue engañado nunca quiere reconocerlo. Cualquier psicólogo le dirá que es algo natural. Que se va a aferrar a su creencia y hacer berrinche y patalear contra los molinos de viento, aunque todo le demuestre que, inexorablemente, fue un gil.

No entienden que siempre es mejor reconocer que uno fue un iluso crédulo, que hacer mérito para seguirlo siendo. Entonces esquivan el bulto con esos recursos que parecen los que se usaban en aquel viejo juego “no vale decir ni sí ni no ni blanco ni negro”.

Las palabras prohibidas en el juego No vale decir que Cuba es una dictadura, pasan a ser dictadura, totalitarismo, represión, y el ganador es el que mejor logra demostrarle al mundo esa capacidad de sacarle el glúteo a la jeringa que la naturaleza y las horas y horas de chamuyo en el comité les han otorgado.

Pero por repetición, el juego se hace aburrido. Entonces, desde la mayor de las Antillas, la Revolución aumenta la dificultad. Mire nomás cómo se la acaban de complicar los 400 parlamentarios cubanos a nuestros políticos de izquierda.

El martes pasado, la Asamblea Nacional de Cuba aprobó, por unanimidad y en sesión extraordinaria, una ley de medios de comunicación en la que prohíbe la prensa independiente. La votaron toditos.

No hubo uno solo que dijera: “No, acere, yo no estoy de acuerdo con esta mordaza”.

La realidad en la isla se pone cada vez más fea para los cubanos. Al mismo tiempo, el juego que les gusta jugar a nuestros dirigentes de izquierda, se torna cada más divertido. Más difícil, más para expertos. Con esta nueva dificultad planteada, se alquilan balcones para ver a Carolina Cosse decir que Cuba es una democracia diferente.

O a Fernando Pereira, otro gran campeón de este desafío. O al contador Mario Bergara yendo por el título nacional de esta curiosa disciplina lúdica.

Desde el sillón del living, pororó en mano, esperamos ansiosos que comience el torneo. ¡Se levantan apuestas, señores!

Quién sale con la excusa más creativa. Quién hace el papelón más grande. Quién logra no ruborizarse y en cambio mantener una expresión impávida mientras improvisa opciones inverosímiles. ¡Hagan su juego!

Con un sólo partido político habilitado para participar en elecciones; con un régimen comunista que rige desde hace 60 años, con presos políticos por doquier, con una diáspora que ha rajado a nado entre tiburones hambrientos, y ahora, amigos, con la libertad de prensa oficialmente prohibida por la ley votada en el parlamento.

No veo la hora de que los periodistas pongan el micrófono frente a esas entrenadas mentes.

¡Y qué comience el show!

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