La semana pasada el ministro Oddone dio una muy buena señal al cambiar su postura respecto a que un gobierno de izquierda no puede disminuir el gasto público, abriéndose a esa posibilidad. También reconoció que la economía crecerá menos de lo que se proyectó el año pasado y que esa realidad debe tomarse en cuenta, en particular, en la rendición de cuentas del presente año. A partir de esta nueva realidad, que abre la caja de herramientas de la política fiscal a nuevas posibilidades que anteriormente se habían autoamputado, veamos que es posible hacer.
Como venimos insistiendo desde el CED desde el año pasado el presupuesto presentado por el gobierno era frágil, tenía supuestos ilusorios (más que optimistas) y estaba expuesto a que un shock externo negativo lo dejara en offside, lo que lamentablemente está ocurriendo. La economía el año pasado creció en el entorno del 1,8% de acuerdo con el IMAE del Banco Central cuando el MEF había proyectado 2,6% y todo apunta a que este año la diferencia entre la proyección oficial y la realidad va a ser aún mayor. En efecto, mientras el MEF proyecta un crecimiento de 2,2% el CED está estimando que puede ser 1,2% y varios analistas han dado ya públicamente porcentajes aún más bajos. La política fiscal del gobierno en su primer año tuvo errores claros. El primero fue un incremento del gasto público que más que duplicó la tasa de crecimiento de largo plazo de la economía, con gastos discrecionales de difícil justificación. El segundo, apostar a reducir el déficit fiscal con aumento de la presión impositiva sobre la población con impuestos a los ingresos y al consumo, entre otros, del orden de los 900 millones de dólares.
A esto debe sumarse un error de diseño importante que es no realizar ninguna corrección en los primeros años y concentrar la corrección fiscal para los dos últimos años del período, algo nunca visto en la frondosa historia de las políticas fiscales de nuestro país que el ministro Oddone conoce bien porque es un tema que ha estudiado en profundidad. No parece probable que el Frente Amplio le lleve al ministro esa estrategia, lo que incrementa la preocupación por la desviación fiscal en los primeros dos años del actual período.
La conclusión es evidente; es necesario realizar una corrección para contener los yerros del presupuesto expuestos con mayor claridad a partir del shock externo reciente. Afortunadamente el Ministro ha cambiado de posición y abrió la posibilidad a reducir el gasto público, a lo que insólitamente se cerró durante la discusión presupuestal. Por tanto, ahora que es posible jugar sin un brazo atado, analicemos que se puede hacer por el lado del gasto.
En primer lugar, no es necesario esperar a la rendición de cuentas para tomar medidas. Sería oportuno y deseable arrancar este mismo mes con una resolución similar a la implementada con el decreto 90 de 2020 que establecía como medida más relevante un tope en la ejecución del gasto del 85% para las distintas reparticiones, con algunas exclusiones. En segundo lugar, en la rendición de cuentas debe una reducción del gasto para los años siguientes, que contemple como una medida fundamental la reducción de la cantidad de empleados públicos en los años siguientes. Abierta la puerta del recorte en el gasto, es momento de discutir estos temas con mayor profundidad.