Las semanas pasan, la guerra contra Ucrania avanza a paso lento, los ucranianos resisten, el objetivo final de Rusia (incorporar el país invadido a su territorio) se complica, China mira expectante, los países amigos de Ucrania están dispuestos a todo en materia de ayuda excepto entrar en la guerra.
Tal reacción puede parecer mezquina, pero peor sería comenzar una tercera guerra mundial.
Este es el contexto mundial del cual Uruguay es parte. Todo es incierto, cambiante y las reglas de juego en las relaciones internacionales se irán alterando día a día. Por lo tanto, también Uruguay deberá ir ajustándose ante cada nuevo giro, a esa realidad tan incierta. Ello exigirá de la Cancillería un esfuerzo redoblado, estar en constante estado de alerta y moverse con sofisticación, coherencia y sabiduría incluso para cambiar de pisada si las circunstancias lo obligan.
La noticia del viaje del ministro Francisco Bustillo a Estados Unidos el 12 de abril es importante por varias razones. En primer lugar, porque el ministro tendrá una reunión con el Secretario de Estado Antony Blinken. Es más, Bustillo viaja porque fue invitado por Blinken.
Sin duda, algunos temas bien conocidos estarán sobre la mesa. Ucrania será uno de ellos. Uruguay, a través de su presidente y de su cancillería (además de haber firmado una declaración en igual sentido en la Organización de Estados Americanos) está claramente alineado con las democracias occidentales y considera a Rusia como agresor al invadir Ucrania, un país libre, soberano y democrático.
Esa postura deberá ser reafirmada tantas veces sea necesario. Siendo un país chico muchos pueden dudar del peso que Uruguay tiene cada vez que expresa sus posturas. Pero por sus características muy especiales, su opinión puede importar en determinados ámbitos y como argumentó un reciente editorial de este diario, ejercer desde su política exterior una suerte de “soft power”.
El otro tema que estaría sobre la mesa es la relación comercial de Uruguay con China. Uruguay prosigue con sus negociaciones para lograr un acuerdo de libre comercio con dicho país. Le sería muy conveniente lograrlo.
En noviembre pasado la subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Wendy Sherman, visitó Uruguay y de este tema se habló. El conflicto con Ucrania no estaba en el radar (al menos no en el uruguayo) en ese momento.
Siempre es un problema tener que negociar con países que no son democráticos ni respetan los derechos humanos. Más fácil sería hacerlo con democracias sólidas y desarrolladas.
El problema es que ellas en materia comercial suelen ser bastiones proteccionistas inexpugnables. Eso obliga al resto del mundo a buscar socios comerciales más complicados. Si hay en el mundo una convivencia con cierta armonía básica en algunos temas, es más fácil hacerlo. Más allá de lo político, las economías están muy interconectadas.
La guerra cambia todo. En la medida que algunos países definen sus posturas respecto al conflicto, las condiciones se modifican y Uruguay deberá estar muy alerta al respecto.
Si bien China tuvo algún gesto en favor de Rusia, esa simpatía parece ser, por ahora, distante. Existe, pero es fría. Es que el entramado económico chino y sus relaciones con el resto del mundo, y en especial Occidente, es tan complejo que seguramente la potencia asiática tendrá sus dudas sobre la pertinencia de la agresión rusa. Debería tenerlas.
Al estar esta guerra en evolución y sin desenlace, es difícil saber como reaccionará China. Por ahora en las Naciones Unidas se abstiene, ni apoya ni condena.
Lo cierto es que esa realidad condiciona la estrategia uruguaya. Quizás pueda llevar todo a buen puerto. Pero es posible que en un momento haya que tomar alguna decisión más drástica. Aunque duela.
Es en ese sentido que afirmo que la Cancillería deberá estar en constante alerta. Deberá recurrir a sus mejores expertos y demostrar que por algo, es el ministerio más sofisticado que tiene cualquier gobierno.
Uruguay también deberá convencer a las democracias occidentales que así como cuentan con el respaldo de muchas naciones en esta coyuntura crítica, por eso mismo deberían tener en consideración las realidades de estos países.
El impacto de la guerra estremece la estructura económica mundial, no solo la de los países directamente involucrados. El aumento de precios en materias primas y alimentos (que está afectando a nuestro pequeño mercado interno) es una realidad que perjudicará a buena parte de la población mundial ante la amenaza de una crisis alimentaria.
Bustillo y su jefe de gabinete, Fernando López Fabregat, tendrán varias reuniones en Washington a diferentes niveles donde no solo podrán exponer sus puntos de vista sino escuchar.
Escuchar mucho, porque de esos encuentros recibirán información para que una vez en Montevideo, puedan volcarla a la Cancillería y lograr que sus equipos ajusten sus estrategias y logren que Uruguay se mueva con sabiduría (insisto en este término) en tiempos en que el mundo está tan convulsionado y el horizonte se ve demasiado difuso.