Tentación totalitaria

Pablo Da Silveira

La enseñanza de la historia reciente vuelve a ocupar los titulares de la prensa. La novedad ahora es la imposición de un nuevo programa para enseñanza primaria. El hecho pone una vez más en evidencia un extraño sentido de las prioridades: mientras la calidad de nuestra educación se hace trizas, mientras la deserción en secundaria es atroz, mientras la insatisfacción docente crece, los responsables de nuestra enseñanza se dedican a arreglar cuentas con el pasado y a crear órganos deliberativos. Seguimos pintando la chimenea mientras entra agua en el casco. El hecho también confirma que la improvisación se ha vuelto un estilo. El nuevo programa se está imponiendo casi sin explicaciones, sin dar tiempo a los docentes y sin ningún ensayo previo.

Pero nada de eso es lo peor. Lo grave es la intención de seguir imponiendo una interpretación oficial de la historia, que debe ser transmitida de un modo similar a cómo el nazismo o el estalinismo transmitían sus ideologías de Estado. Si alguien piensa que esto es una exageración, conviene que lea unas recientes declaraciones del consejero Héctor Florit. Según el jerarca, el objetivo del nuevo curso de historia reciente es "no dejar librado a las versiones domésticas, o a los trascendidos, la historia que conforma los elementos constitutivos de la nación". La frase da miedo. Desde los tiempos de la dictadura que no se escuchaba algo así.

¿Qué significa "no dejar librado a las versiones domésticas"? Significa, en esencia, que el gobierno quiere neutralizar la influencia de la familia. Las conversaciones hogareñas no son un espacio de libertad sino una fuente de distorsiones. No puede ser que un padre transmita a sus hijos una visión crítica del MLN mientras otro transmite una visión favorable. Esa diversidad es una patología que debe ser eliminada mediante la imposición de una verdad oficial. Si el consejero Florit sigue razonando de este modo, llegará fácilmente a la conclusión a la que llegó Platón hace 2.500 años: para que la educación funcione como el Estado quiere, hay que abolir la familia y poner a todos los niños en orfanatos públicos.

¿Y qué son "los trascendidos" de la historia? Básicamente, la espontaneidad de una sociedad libre que procesa su propia experiencia. El propio uso de la palabra "trascendidos" es sintomático. Los trascendidos sólo pueden existir cuando hay una versión oficial y única. Cuando no hay tal cosa, no hay trascendidos sino diversidad.

En el año 1791, uno de los líderes intelectuales de la Revolución Francesa escribió unas líneas que vale la pena recordar. Ese dirigente se llamaba Condorcet y estas son sus palabras: "La libertad de opiniones sería ilusoria si la sociedad se apropiara de las generaciones nacientes para dictarles lo que deben creer. Aquel que entra a la sociedad cargado de las opiniones que le dio su educación no es un hombre libre. (…)" Se dirá que tampoco será verdaderamente libre si recibe esas opiniones de su familia, pero en ese caso las opiniones no serán las mismas para todos los ciudadanos. Cada uno se dará cuenta muy rápido de que sus creencias no son universales. Eso le enseñará a desconfiar de ellas; ya no tendrán el carácter de una verdad aceptada.

En lugar de enseñar historia, sería bueno que nuestras autoridades educativas se pusieran a estudiarla.

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