Si, pero empezá por él

Cuentan que muchos empresarios argentinos pedían audiencia con el entonces presidente Macri. Llegaban a la Casa Rosada con un discurso impecable: la Argentina necesitaba apertura, disciplina fiscal, competitividad, menos privilegios y más mercado. El Presidente asentía. Hasta que llegaba el verdadero motivo de la reunión. Entonces aparecía el matiz: en su sector “era distinto”. Allí la apertura debía ser gradual, la competencia “cuidada”, los beneficios preservados. Reformas, sí. Pero empezando por otro.

Algo de eso nos va a pasar en Uruguay cuando llegue el día -que no duden que llegará- de encarar reformas con cuchillo profundo. Hoy es relativamente fácil coincidir en abstracto: reducir subsidios ineficientes, promover competencia, abrir la economía, revisar el gasto. El problema empieza cuando la reforma deja de ser un concepto y pasa a tener nombre, apellido y afectados concretos.

Es obvio que el PIT-CNT se opondrá a casi todo. No querrá que se cierre el portland ni que se modernicen las relaciones laborales. Forma parte de su lógica. Pero la pregunta incómoda no es esa.

¿Qué harán las cámaras empresariales cuando se revisen organismos público-privados en los que participan? INEFOP es, a mi juicio, un ejemplo de gobernanza discutible: directorios sobredimensionados y financiamiento atado a un impuesto sobre los salarios. ¿Habrá la misma convicción reformista?

La industria, que con razón reclama costos más bajos y mejor inserción internacional, ¿estará dispuesta a una apertura más profunda que implique mayor exposición a la competencia? ¿O la competencia es buena siempre que sea para los demás?

Y el agro, motor histórico del país, ¿aceptará abrir importaciones de pollo, frutas y verduras para que los uruguayos -especialmente los más pobres- accedan a proteína animal y vegetales a precios más razonables? ¿O allí también “es distinto”?

La política tampoco puede mirar para el costado. Reducir pases en comisión, cargos de confianza y privilegios puede no mover la aguja macroeconómica, pero sí la legitimidad. La viabilidad del ajuste que Uruguay necesitará exigirá muchos esfuerzos de la clase dirigente.

La salud insume cerca de 10 puntos del PIB. Son recursos enormes. Todos sabemos que hay márgenes de mejora en eficiencia, coordinación y gestión. ¿Están dispuestos médicos, mutualistas y empresas del sector a revisar procesos, estructuras y costos? ¿O la reforma siempre debe recaer en otra ventanilla? Los combustibles son muy caros en este país. Y, sin duda, terminar con el monopolio de ANCAP es necesario. Pero también hay problemas de competencia en la distribución y comercialización que está en manos privadas.

Podríamos seguir nombrando situaciones específicas que no dudo generarían resistencias en los actores involucrados. Cambios previsionales, cambios regulatorios en el transporte de pasajeros o en el juego, etc. A pesar de ser razonable que todo el mundo quiera que se muevan las otras agendas antes que la propia, el Uruguay más competitivo lo hará la sumatoria de estas reformas. Lo que parece claro es que no vale llenarse la boca pidiendo reformas sino se está dispuesto a enfrentar las que te tocan de cerca.

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