Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Cuba y vida

El proletariado en Europa era la gente pobre cuyos jefes de familia cuando la revolución industrial debían denunciar ante la autoridad pública el número y nombre de quienes integraban su prole.

Al aparecer nuevas tecnologías, capitales acumulados vieron en ello un negocio para invertir en máquinas y fábricas y se derrumbó la economía artesanal y familiar instalada principalmente en centros poblados. El proletariado nutrió en masa al trabajo fabril. Nació la “cuestión social”.

Al promediar el siglo XIX dos pronunciamientos destacan históricamente. Uno fue el manifiesto de partido comunista de Marx y Engels, clamando por la lucha de clases, y la dictadura revolucionaria del proletariado, a la voz de “¡proletarios del mundo uníos!” Otro fue la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII que predicaba que empleadores y empleados debían buscar libremente en los establecimientos el bien común, que incluía retribución y trato justo para los asalariados.

Ángel Castro era un gallego laborioso de precaria cultura. Emigró a Cuba a fines del siglo XVIII y a su muerte era una persona muy rica vinculada al quehacer agrícola, con 300 empleados a cargo. Tuvo un matrimonio legal, esposa y dos hijos. Y, mantuvo una relación paralela con otra persona, con Lina Ruz, empleada doméstica familiar, con la que tuvo siete hijos bastardos más. Entre ellos estaban Fidel y Raúl. No pudieron usar originalmente el apellido paterno porque la ley lo prohibía y llevaron el de su madre natural. Lo que les valió maltrato en la infancia.

Con el tiempo don Ángel se separó de su primera esposa y los hijos pudieron apellidar- se Castro Ruz. Fueron herederos ricos. Y, habían recibido la mejor educación. Fidel nunca conoció las 8 horas. Se educó con los jesuitas y recibió de abogado.

Estas “revoluciones socialistas” -superchería estridente- fueron apadrinadas por gente acomodada, que encontraron en el marxismo un instrumento para consolidar tiranías oligárquicas, policiales y empobrecedoras de sus pueblos. Tienen vida en Latinoamericana -inaceptable en un país como el nuestro- donde el resentimiento y el odio latentes por la necesidad popular alientan movilizaciones al precio de abatir la democracia y el progreso social verdadero. Se alaba a un fascismo que ignora al mundo real y miente con utopías.

Los sesenta y dos años de tiranía castrista, concentrando el poder absoluto en manos de la monarquía de los Castro, han tocado fondo. Hablar en Uruguay con los cubanos integrantes de los millones que han podido abandonar la isla, estremece. Por su periplo migratorio, el control policial, las arbitrariedades padecidas y las carencias humanas y materiales que allí se viven. El pasado 11 de julio en toda Cuba espontáneamente multitudes encabezadas por jóvenes y artistas se juntaron en calles y campos isleños pidiendo el fin de la tiranía.

“Patria y Vida” fue consigna, contra el “Patria o muerte” del régimen. Desarmados fueron apaleados, torturados, presos sin debido juicio, hubo algún muerto, y ahora recaen fallos sobre muchos de hasta 10 años de cárcel. Una nueva movilización está convocada para el 15 de noviembre próximo, bajo las amenazas policiales del régimen. El mundo libre debe ayudar a sostener activamente a esta heroica gesta. Que no cuente con el Frente Amplio de casa. Tiene relaciones carnales con las tiranías “socialistas”.

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