Resabios atávicos

Está claro que la guerra de Medio Oriente no es abarcable en una columna de 3.500 caracteres. Hay que empezar por evitar el facilismo de dar cátedra sobre el conflicto. Solo diré que desde hace un tiempo vengo leyendo y escuchando las opiniones del académico Christian Mirza y me sorprende la convicción con que se coloca en uno de los lados del mostrador. En este país tendemos a simplificar el problema según el perimido eje derecha-izquierda, poniendo a la segunda en defensa de sistemas teocráticos fundamentalistas que de izquierda no tienen nada, pero que le sirven para echar agua al molino antiliberal.

La discusión se embarra cuando entra a tallar la cruenta respuesta bélica israelí, con su escandalosa cifra de bajas civiles. Sobre si el número de víctimas es real o inflado por Hamás, no voy a entrar porque no puedo saberlo.

El domingo pasado, un revelador debate en el programa Séptimo Día de canal 12 puso en evidencia el diálogo de sordos entre los bandos en pugna. Tomé nota de la lógica sencilla y contundente del Dr. Alberto Spectorowski, al decir que si Hamás liberara a los rehenes secuestrados el 7 de octubre de 2023, la guerra terminaría en cinco minutos. También de la firmeza con que el director de B’nai B’rith Javier Galperin se pronunció a favor de la solución de dos estados. Y me llamó la atención que en dos oportunidades en que Leonardo Haberkorn preguntó a Mirza si estaba de acuerdo con ese camino, este eludió la respuesta.

Su omisión es coherente con la negativa histórica de admitir la coexistencia pacífica de ambas naciones. Coherente con el monstruoso artículo 7 de la carta fundadora de Hamás (1988), que dice que “las montañas y los árboles gritarán: ‘¡Oh, musulmán! Un judío se esconde detrás de mí, ¡ven y mátalo!’”. Coherente con los videos de los terroristas del 7 de octubre que se ufanaban de las violaciones y crímenes perpetrados. Coherente con el regocijo con que uno de ellos le cuenta a su padre, en un audio de whatsapp enviado a través del celular de una mujer asesinada, que mató a diez judíos con sus propias manos. Coherente con otro testimonio, el de un terrorista renegado, que contó cómo en la escuela le enseñaban aritmética diciéndole: “tengo cinco judíos, mato a tres, ¿cuántos quedan vivos?”.

Esta pequeña enumeración de una lista inmensa de atrocidades solo se explica por el choque civilizatorio que revelaba Samuel Huntington en 1996, entre un Occidente que respeta los derechos humanos y un fanatismo islamista que los denigra. He leído a Mirza en distintas oportunidades argumentar que Occidente se arroga una falsa superioridad moral y que menosprecia a los musulmanes como “subhumanos”. No creo que sea el caso. Todos tenemos los mismos derechos, solo que coexisten hoy en el mundo culturas que evolucionaron hacia una mayor libertad y otras que mantienen resabios atávicos, propios del medioevo.

Por supuesto que es indignante que mueran inocentes por las bombas israelíes, pero no lo es menos que existan potencias imperialistas que aún ahorquen a los homosexuales o los arrojen al vacío desde las azoteas, que sometan a las mujeres, armen a los niños y postulen abiertamente el exterminio de judíos y cristianos.

No justifico la guerra, pero me genera repugnancia que se utilice a sus víctimas como recurso propagandístico de un fundamentalismo criminal.

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