¿Qué van a hacer con el 1%?

La idea de poner un impuesto al 1% más rico en teoría parece muy justa: que los que tienen más aporten un dinero mayor para que el Estado pueda combatir con más recursos a la pobreza infantil. Al sindicalismo que se alinea tras esta iniciativa y a la izquierda más militante que conserva su relevante peso en la interna del Frente Amplio (FA), se sumaron voces económicas más moderadas, como las del intendente Bergara y del ex -ministro Lorenzo.

Parecería ser que esos más ricos son los que poseen un patrimonio real superior al millón de dólares, y serían según estimaciones menos de 30.000 personas en total. Este conjunto abarca a todos los verdaderos ricos del país, que podrían estimarse en quienes tienen patrimonios superiores a los tres millones de dólares. Se trata de unos pocos miles de personas discretas con sus inversiones en el país y en el extranjero tanto en bienes inmuebles como en finanzas.

El límite del millón de dólares baja por lo tanto la vara de exigencia de riqueza. En efecto, incluye por ejemplo en la definición de ricos a los propietarios rurales mayores a unas 300 hectáreas y con una casa en la capital del departamento, es decir, a familias del Interior con ingresos en verdad no muy abultados. Y agrega a las típicas familias de dos hijos con, por ejemplo, una casa o apartamento de unos 200 metros cuadrados en un barrio costero residencial de Montevideo, un apartamento de un dormitorio para alquilar en el barrio cordón de la capital, una casa algo más grande en un buen balneario de Maldonado (todo a valor de mercado), y un par de automóviles con menos de cinco años de antigüedad. Obviamente, son familias que, si bien por lo general se auto -perciben de clase media, para la escala de ingresos del país son, sin duda alguna, hogares acomodados de clase media alta.

¿Qué dirá la oposición frente a esta iniciativa? Está el argumento de la eficiencia del eventual impuesto: gracias a la economía globalizada es seguro que los más ricos encontrarán mecanismos para eludirlo. En el universo teórico que terminará siendo gravado estarán entonces sobrerrepresentados aquellos del millón y algo de dólares de capital que conforman la miríada de casos parecidos a los descritos en el párrafo anterior (y que no se auto -perciben ricos).

¿Es justo que paguen más esos que más tienen y no pueden zafar internacionalmente? Es muy injusto. Son los que además pagan servicios privados de educación, salud y seguridad (entre otros) porque esa es la forma que tienen de garantizarse cierta (relativa) calidad. Pero nadie dará este debate de fondo. Blancos y colorados, delimitados por el cerco que moldea el sentido común ciudadano mayoritario (y que es pro- izquierda), sólo usarán en todo caso el argumento de la ineficiencia eventual de la medida.

Finalmente, lo obvio: ese 1% no es aliado de los partidos tradicionales. Muchos han tranzado sin dramas con la izquierda, algunas veces con todo gusto, o adhieren convencidos al FA. Y la pregunta incómoda: ¿por qué batallar contra este impuesto y cargar entonces con el estigma de parecer injustos a criterio de la mayoría de los uruguayos? La verdad es que a una gran parte de estos estos ricos relativos nunca les pareció horrible que ganara este FA. Ahora pues, a rezarle a Oddone. Ajo y agua.

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