Hablando en ADM, el Ministro de Economía, Gabriel Oddone, realizó un balancete sobre la marcha, planteó su agenda para el crecimiento y salió al cruce de “rumores que” -según dijo- “van en contra de los intereses del país”. Afirmó que es “temerario” divulgar que al considerar las alternativas surgidas del Diálogo Social se estaría “rifando la sostenibilidad fiscal”.
Se explica que la respuesta del Ministro de Economía haya sido más recia que lo habitual en su estilo, porque la oposición -y hasta la propia Consultora CPA Ferrere de la cual fue socio - vienen atacando con dureza algunas iniciativas manejadas en el meneado Diálogo y han dicho que entienden que el Uruguay arriesgaría su prestigio internacional de respeto por la propiedad privada si el Estado interviniere las AFAPS o usare sus fondos.
En las mismas horas, el Senado, con su mayoría frenteamplista, rechazó recibir al Ministro de Economía en régimen de comisión general, para examinar la situación del país en diálogo esclarecedor sin consecuencias políticas. Tras lo cual, en vez de una convocatoria para intercambiar ideas y visiones, con los votos de la oposición, se resolvió someter a interpelación a Oddone.
Por definición, en las interpelaciones unos y otros acentúan los trazos gruesos y los tonos subidos. Hayan votos o no -no los hay- para voltear al Ministro llamado a Sala, todos discuten para vencer en imágen: se contraponen, se increpan y crispan. Y todo eso es juego institucional de libertad, y como tal es constitucionalmente pertinente, pero no es lo que necesita el país en la actual coyuntura.
En un mundo perturbado y amenazante, el imperativo no es destrozarnos ni acusarnos sino buscar entre todos los mejores horizontes.
En el Uruguay, después de una guerra interna sin precedentes y de la más cruenta dictadura de la historia, supimos coincidir en formas de convivencia tan sana y tan generosa que los guerrilleros de anteayer se convirtieron en los gobernantes de ayer y de hoy. A un año de su muerte, José Mujica es recordado no tanto por su pasado de crónica policial como por el personaje que acuñó for export y porque en el consumo interno fue un Presidente de la República legitimado por el voto popular, por el consentimiento de quienes no lo votamos y por haber gobernado ateniéndose a las instituciones republicanas contra las que se había levantado en armas.
Logramos lo más -juntar a los opuestos bajo las reglas de la Constitución- pero no logramos lo menos: sentarnos en comisión general para deliberar sobre las debilidades de la coyuntura. Ccn lo cual los gubernistas incurren en el absurdo de rechazar el examen abierto y azuzar la contraposición, sin explorar vías para las grandes coincidencias que la hora reclama.
Con números que no cierran, con un gobierno de izquierdas que anhela la inversión yanqui y china, con el narcotráfico y el crimen dominando la escena, precisamos oírnos todos, iluminando al país con debates ejemplares.
De los caos de la conciencia se sale purificando ideas y reflexiones. Pensar en serio es un alumbramiento, como observó Sócrates cuando le llamó mayéutica -parto- al método por el cual el forcejeo de las preguntas descubre verdades y sienta cimientos sobre los cuales vivir. Y eso es lo que necesitamos ante el vacío conceptual en que hoy chapotea la República.