Debemos estar muy atentos a algunos cambios que están ocurriendo con aparente lentitud en el comportamiento hidrológico de nuestro país.
Nos referimos a un fenómeno mundial que consiste en la intrusión de agua salada marina en las napas freáticas costeras de agua dulce.
Resulta sencillo imaginar los perjuicios que ocasiona porque inutiliza a acuíferos utilizados para proveer de agua dulce para el consumo doméstico, agropecuario e industrial.
Este desgraciado proceso ocurre cuando los niveles de los acuíferos descienden, permitiendo el ingreso de agua salada para compensar, ya que como es sabido, ambas fuentes de agua están conectadas tanto en el subsuelo como en la superficie. Por ello hay que tener sumo cuidado en el uso de los pozos en las zonas costeras porque una vez que se contamina con agua salada se hace muy difícil y costoso recuperarlos.
Se trata de un asunto de suma importancia para el futuro de nuestro país, considerando que tenemos casi 700 kilómetros de costa platense y oceánica, zona donde habita la mayor parte de la población.
Este fenómeno invasivo impacta en esa interfase costera entre el agua salada del mar y el agua dulce del suelo, estimulando la penetración salobre.
Según algunas mediciones realizadas, nuestras costas ya experimentan un ascenso de unos 6 centímetros del nivel del mar, tomando en cuenta lo ocurrido en las últimas tres décadas. Es un dato preocupante que exige no solo tomarlo muy en serio, sino elaborar una política de estado seria que nos permita prepararnos -de la mejor manera posible- para mitigar sus efectos negativos y adaptarnos a los cambios que este fenómeno nos impondrá.
Aunque muy poco se hable de ello, la intrusión salina es un fenómeno presente en nuestro país.
La extracción excesiva de agua dulce de pozos construidos para consumo familiar o agrícola en la zona costera uruguaya, como ya ha sucedido en Punta del Este, Rocha e incluso Montevideo, ha provocado la contaminación de muchos de ellos con aguas saladas o salobres, inutilizándolos.
Debemos cuidar sobremanera el mantenimiento del equilibrio de esa interfase hídrica, tomando en cuenta muy cuidadosamente las variables que interactúan lejos de nuestra simple vista.
Uno de sus primeros ítems a tutelar es la política de utilización de los acuíferos costeros y la construcción de pozos para la extracción de agua dulce en la faja más sensible de nuestro territorio.
Como ya se ha dicho este fenómeno se agrava por el cambio climático que eleva las temperaturas, puede disminuir las precipitaciones en muchas regiones, y además está provocando un aumento global del nivel del mar.
Por lo tanto, necesitamos contar con un monitoreo permanente de la situación, referido tanto al ascenso del nivel del mar como a la intrusión de agua salada en las napas freáticas de nuestra extendida faja costera, no escatimando recursos técnicos ni humanos, públicos y privados. Es la mejor manera de reaccionar a tiempo, anticipándonos a los problemas que ya se vislumbran.