Publicidad

Pedro Sánchez: un hueso duro de roer

Compartir esta noticia

En Galicia, Pedro Sánchez tropezó con las urnas y avanzó trastabillando hasta Cataluña, donde el resultado le evitó darse un porrazo y le permite caminar erguido y portando su sonrisa ganadora rumbo a las urnas del 9 de junio, cuando la elección de eurodiputados muestre la relación de fuerzas entre el PSOE y el PP.

El sopapo gallego en las elecciones de febrero lo habían dejado tambaleando. La robusta victoria conservadora le dio a Núñez Feijoo esperanzas de que, a pesar de lo que señalaban las encuestas, la credibilidad y buena imagen del socialista Salvador Illa no alcanzara para que el voto de los catalanes irguiera nuevamente el liderazgo de Pedro Sánchez. Pero a la luz del resultado, el jefe del PP no tiene más alternativa que entender que su adversario, como los astutos gatos, tiene muchas vidas.

Ese mismo resultado le daba a Núñez Feijoo razones para festejar. Al fin de cuentas, el brazo catalán del PP había saltado de tener sólo tres diputados en el Parlament a los quince que consiguió y convierten en la cuarta fuerza política de Cataluña. También tenía razones para un modesto brindis Santiago Abascal, ya que Vox había mantenido el caudal electoral conquistado en la anterior elección.

Sin embargo, ninguno pudo descorchar champán porque llevaban meses vaticinando que los pactos que hizo Sánchez con los independentistas del “procés” para que apoyaran su investidura debilitaría al Partido Socialista y fortalecería a los partidos que quieren sacar de España a Cataluña.

No ocurrió eso, sino todo lo contrario. Los que se desplomaron fueron los independentistas, logrando el peor resultado desde el inicio de la democracia en los ochenta, tras la muerte de Francisco Franco y el fin de su dictadura centralista y castellanizante.

En las dos primeras décadas democráticas Cataluña fue gobernada por la coalición soberanista-conservadora Convergencia i Unió (CiU), liderada por Jordi Pujol. Y con la excepción de tres años, entre 2003 y 2006, en los que encabezó un gobierno el Partido Socialista (PSC), que es españolista como el PP, pero se alió con Esquerra Republicana (ERC) que es la centroizquierda separatista, al resto de los gobiernos los presidieron en coalición las fuerzas partidarias de la independencia. Con la centroderechista Junts per Cat (JxC), la Ezquerra Republicana o el CiU que lideró Artur Mas encabezando coaliciones, y con la CUP como izquierda dura independentista tratando que de que le hagan un lugar.

Por eso la derrota de los separatistas fue un sismo político en Cataluña. También porque irrumpió el independentismo de ultraderecha y tendrá presencia en el Parlament con las dos bancas que ganó Alianza Catalana. Lo mismo que Vox, pero separatista en lugar de españolista.

Al PSC el gobierno no le quedó servido en bandeja. Para alcanzar la mayoría parlamentaria que necesita para presidir la Generalitat, tendrá que acordar con alguna de las dos principales fuerzas independentistas o, en su defecto, con el PP y con algunos partidos más.

Aún con las complejas negociaciones que tiene por delante, el gran ganador de las elecciones en Cataluña fue Salvador Illa y, por ende, el otro gran favorecido por el resultado es Pedro Sánchez.

El triunfo socialista mostró que el independentismo no es mayoritario en Cataluña, pero el líder de JxC y ex presidente catalán, Carles Puidgemont, está dispuesto a mostrar menos escrúpulos que lo que mostró Sánchez al pactar con él para seguir en la Moncloa, a pesar de haber perdido frente al PP en la última elección nacional.

Si el actual presidente siguió en el cargo aunque había obtenido menos votos que Núñez Feijoo, es porque canjeó apoyos a su investidura por impunidad en Cataluña y pacto con EH Bildu, el descendiente del Herri Batasuna, brazo político que tuvo la ETA en el País Vasco.

Ahora, Puidgemont muestra que haber sacado muchos menos votos que Salvador Illa no le sugiere que lo más digno y respetable es permitirle al líder socialista formar gobierno, en lugar de lo que dijo que hará: intentar a como sea los acuerdos para volver a encabezar el gobierno catalán.

Los primeros balbuceos del derrotado ERC no hablan de dar al ganador la mayoría necesaria para que gobierne, sino que insinúa lo contrario. Sin embargo el presidente saliente, Pere Aragonés, tendría que pedirle a su partido que apoye la investidura de Illa porque ese líder socialista colaboró con él, dándole gobernabilidad en estos años.

No está claro cómo quedará integrado el próximo gobierno. Lo que sí está claro es que los independentistas fueron derrotados y, por ende, actuarían miserablemente si no permitieran al PSC presidir lo que ganaron en buena ley: el gobierno autonómico de Cataluña.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar

Publicidad

Publicidad