Uno pensaba que tenía tema: la guerra total, el Apocalipsis. Trump ya no asusta; su credibilidad hace agua. Cada vez que amenaza los iraníes responden con un ¡retruco! Además, recién descubrió al estrecho de Ormuz, tendría que haberlo previsto y también que los iraníes son fanáticos y están dispuestos a morir y que esos son los peores enemigos. ¿Los estadounidenses lo están? Los europeos minga, con Europa no cuentes nunca. Pero los de EE.UU. se niegan a ir la guerra y además están más preocupados por el precio de la gasolina. ¿Quién ganará la guerra? ¿Quién la va ganando? Será para después de la tregua.
Volvamos, entonces, a aquí y ahora, a este gobierno tan parecido a Canelones, no por Orsi, sino por la variedad y cantidad de chacras y chacritas .
La realidad nos dicen los expertos, es que este año como el pasado promete casi cero en inversiones, de aquí y de afuera, con cierres de empresas, con un empleo poco dinámico -habrá que ver después de Turismo-, exportaciones aquietadas, inflación muy baja -¿no temen que se les desbarranque?- precios muy altos, y mucha, mucha burocracia demasiado bien paga (digamos, en la relación costo-laburo). Lo único barato es el dólar (la intervención del BCU ha dado frutos). Un puzzle de padre y señor nuestro, como dicen.
Momento elegido por el comunista (PCU) ministro de Trabajo y Seguridad, Juan Castillo, para impulsar iniciativa del PIT-CNT (se la pasan sin mirar, son del mismo cuadro) sobre la reducción del horario de trabajo, sin tocar los sueldos y considerando, eso sí, (¿si?) mejorar la productividad. Los empresarios protestan, no deben contabilizar que menos horario y más productividad implica desaparición de las horas extras, se supone. Pero ellos piensan que lo de la productividad queda a la cola; y que al recorte se sumarán licencias gremiales, licencias por enfermedad especiales, pago extra por “presentismo”, esto es cumplir el contrato inicial: ir a trabajar y llegar en hora. Se asustan.
Imagínese el lector cómo ve estas novedades el inversor, el de aquí y más el eventual de afuera. Y Castillo es redundante: obligación de las empresas a anunciar con antelación despidos o reorganización del personal e incluso, en otro orden, considerar con el sindicato cualquier tipo de cambio tecnológico. Si además está “la cuestión sindical” con ministro del mismo cuadro y le suman el impuesto a los ricos (a los que vengan, aquí no hay muchos). Por otro lado el ministro se vale de seguros de paro especiales para solucionar problema -mientras su gente arremete contra el BPS: no a las AFAPs, retiro a los 60 y aumentar jubilaciones. ¡Divino!, pero no por lindo sino por milagroso. Respecto al inversor, “difícil que el chancho chifle”, como repetía “el Pepe”. Y para los jubilados, que se apronten.
Este sistema de las chacras le malogró algunas cosas buenas a Tabaré Vázquez y no le funcionó a José Mujica, que fue un mal gobierno donde cada uno manejaba su chacra con su gente, metía funcionarios, fundía organismos y muchas cosas malas más con la prescindencia anarquista del Presidente, que dejaba hacer. El PCU, en tanto, sigue la doctrina y su dialéctica, “destruir para construir”: lo peor es lo mejor y además le serrucha las patas al MPP, su enemigo, competencia y freno para adueñarse de la izquierda.
Hay quienes esperan algún golpe de timón del Presidente Orsi; al que, si no, se lo lleva la corriente.