Parlamento Arena

Estaba visto, en algún momento tenía que descolgarse con un algún proyecto faraónica. Y así sucedió. El lunes pasado la vicepresidenta de la República, Carolina Cosse sorprendió a propios y ajenos al presentar un proyecto para construir un nuevo edificio anexo al Palacio Legislativo con un costo inicial de US$40 millones.

Confieso que cuando me enteré de la noticia pensé que era un chiste o en términos más actuales una fake news. Pero no, el proyecto existe y Cosse, como es su estilo, apuesta a que se concrete a corto plazo.

La obra, además, de oficinas para el Poder Legislativo, tendría salas de reuniones, bibliotecas, espacios para archivos, un CAIF y un vacunatorio. Implicaría, también, cambios significativos en la circulación del tránsito en los alrededores al centenario edificio.

La oposición, tan sorprendida como la mayoría de los uruguayos, salió de inmediato al cruce del anuncio. “No quiero ser partícipe de ningún tipo de obras que dirija la ingeniera Cosse… ni la maqueta”, sostuvo el senador Sebastián Da Silva. “Fuera de lugar”, calificó a la propuesta la senadora Graciela Bianchi, y agregó: “El país no está para gastar dinero en cosas innecesarias. Tenemos un ámbito de trabajo excelente...”. Por su parte, el senador Pedro Bordaberry expresó: “es una propuesta completamente desconectada de la realidad” y añadió:” quieren vestir de CAIF y hogar estudiantil más oficinas para la burocracia”.

Otra fue la respuesta del presidente Yamandú Orsi: “Me sorprendió. Nunca pensé que generara tanta crítica”, sostuvo y agregó: “A mí me gustó la idea y ahora le pedí a Carolina que me mandara más material”.

Hay que reconocer que Cosse, al plantear un proyecto de esas características sin previa consulta y aviso a los legisladores, es coherente con su autarquía. También sigue la línea de gastos siderales que ha hecho siempre en su actuación pública. El Antel Arena que, originalmente iba a costar US$40 millones y terminamos pagando todos los uruguayos US$120 millones, es el ejemplo que perdura en la memoria de todos. Sin olvidar su desastrosa gestión al frente de la Intendencia de Montevideo, y las millonarias festicholas callejeras en las que dilapidó los dineros de los montevideanos. Y sino pregúntenle a Mario Bergara en qué estado recibió las arcas municipales. Como vicepresidente, amagó con un festejo de US$ 200 mil por los cien años del Palacio, pero la oposición le puso el freno.

En momentos en que el propio Parlamento retaceó recursos para la UTEC. En las horas que el Ministerio de Salud Pública le negó la compra de un medicamento de alto costo al científico Gonzalo Moratorio, a quien todos los uruguayos tanto le debemos, resulta un sarcasmo proyectar un nuevo edificio para el Poder Legislativo.

Llevar adelante la propuesta de Cosse tendría un impacto muy negativo en la alicaída imagen del Parlamento. Sería interesante que las consultoras Cifra, Opción y Equipos, realizaran encuestas sobre el tema. Y sino resulta suficiente, pedirle al Pit-Cnt que comience a recoger firmas para que la ciudadanía se pronuncie en un plebiscito. Aunque esto no es garantía, porque llegado el caso el FA podría desconocer un pronunciamiento adverso como se ha vuelto costumbre. Transformar la sede del Poder Legislativo en un Arena sería no solo un gasto completamente innecesario, sino un revés para el sistema democrático.

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