No todo el año es Carnaval

Hay un mundo de ficción en el que se amontonan declaraciones, imaginado e imaginario, de expresión de deseos, de apropiación indebida de méritos y lo hecho por otros, de promesas, las que luego no se cumplen, de demagogia a granel, de “buenismo” y “buenismo útil”, y lo más grave, de mucha “burrez” y burrez extrema con respaldo y fe ideológica embadurnada de soberbia.

Pero también hay un mundo real; y ese llama a la puerta y nos recuerda que no todo el año es Carnaval.

El caso del acuerdo Mercosur-UE por ejemplo. Bombos y platillos y una alta tarima para el fracasado “show” de Lula (uno más y van…), pero al final se firmó. ¿Y? Nada, por ahora nada. Apareció el primer escollo, pues también allá miran al electorado y las “fuerzas sociales” y habrá que esperar unos dos años para poder empezar a discutir, ajustar y afinar (millones de dólares se llevarán los burócratas internacionales -funcionarios al fin- en viajes, sueldos, viáticos y paseos, en esas negociaciones). Va para largo. Esta es la realidad.

¿A quién le importa lo que Guterres, Secretario General de la ONU, diga sobre Uruguay? ¿Quién en el mundo atiende a lo que él dice? Es ficción. La realidad es que EE.UU. se sale de la Organización Mundial de la Salud y sin su apoyo financiero muchos burócratas quedaran “pata p’arriba”. ¿Qué hace Guterres?

Hay quienes se sienten imparables y enfrentan decididamente al imperialismo -comunicados, declaraciones, pancartas-, pero no deberían olvidar que son el partido de gobierno.

Después a no extrañarse si los uruguayos aparecemos en una “listita” acompañando a brasileños y colombianos, en la que no habría razones para estar. Nuestro Canciller entiende que fue un error. Pienso que él deber estar bien informado. El Embajador de EE.UU. no dijo nada al respecto: la realidad es que no tenía mucha idea. Ojalá sea “un error”, pero aún si lo fuera, no deja de ser una advertencia. Conocí el Secretario de Estado Marco Rubio, cuando era muy joven, -hace muchos años, no tantos como los que hace que conozco a Mario Lubetkin (también era joven)- y durante ese tiempo esporádicamente lo traté por razones profesionales, como periodista, y como directivo de la SIP. Diría que no da puntada sin hilo. Pienso que no hay que echar en saco roto ese tipo de “cosas raras” producto de la espontaneidad trumpiana.

El gobierno uruguayo no va a dejar de hacer lo que tenga que hacer en función de los humores del Sr. Trump, espero; eso sí, dado de quién se trata y cómo maneja las cosas, no está malo ser algo cuidadoso. Lo que se pone en juego son los intereses de todos los uruguayos. Son gobierno.

Lo de China es otro ejemplo. Bombos y platillos por esta misión. Es comprensible que traten de capitalizar algo. Pero, a no vestirse con ropa ajena: China ya es el principal socio comercial y las fluidas relaciones con ese poblado país es gran mérito del gobierno anterior, el que si no pudo avanzar más fue por las zancadillas del “buen vecino” Lula. Está bien reafirmar la relación con ese lejano “amigo y socio” comercial, pero no desconocer la realidad. Y ésta dice que esos muchachos, Xi Jinping y Donald Trump, de hecho están en guerra. Hay que ser muy cuidadoso con cada puntada, y es a dos puntas: atentos a los espasmos del norte y lo mismo ante las sonrisitas de los chinos que siempre buscan “algo más” e ir un poquito más allá y en eso son tanto o más de temer. En EE.UU. todavía queda la Suprema Corte.

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