No hay quien pueda con Herrera

Puede ser que me salve la grandeza de la causa que en estos momentos encarnan ustedes. Lo demás, los intérpretes somos poca cosa. A lo mejor nos lleva el viento que nos trajo para cobrar y castigar la vanidad humana que hace olvidar que todo lo que tenemos en las manos es cosa que puede llevar el viento…”, decía Luis Alberto de Herrera en noviembre de 1958 ante una multitud que lo aclamaba en la ciudad de Mercedes. Fue uno de sus últimos discursos, pronunciado en la Gira del Victoria, la que llevaría al Partido Nacional por primera vez en 93 años al gobierno.

Hoy 22 de julio, cuando se cumplen 150 años de su nacimiento, resulta importante recordar a esa figura fundamental del país todo y a la que se la conoce más por las anécdotas que por su enorme legado .

No puede analizarse ni entenderse el Uruguay moderno del siglo XX sin Herrera. En estos días, El País ha publicado un documentado libro: “Herrera 150 años de historia”, escrito por el periodista Atilio Garrido que recorre la vida y la obra del hombre que desde su quinta en la avenida que hoy lleva su nombre cogobernó el Uruguay durante casi cinco décadas consecutivas.

Con tan solo 22 años formó parte de “Los 22 de Lamas”, entre los que también se encontraban Carlos Roxlo, Florencio Sánchez, y Luis Ponce de León. Provenían de Buenos Aires y desembarcaron el 5 de marzo de 1897 en Puerto Sauce (hoy Juan Lacaze) para sumarse a las fuerzas de Diego Lamas que junto a Aparicio Saravia, se levantaron en armas contra el gobierno colorado de Juan Idiarte Borda. Los blancos reclamaban, una vez más, el fin del sistemático fraude electoral, y expresaban su rechazo a la política del colectivismo colorado.

El 17 de marzo, Herrera empuñó por primera vez las armas en la batalla de Tres Árboles, en la que los revolucionarios le infligieron una humillante derrota al Ejército nacional. Desde entonces y hasta su muerte, en abril de 1959, Herrera fue construyendo una carrera política que supo de momentos de gloria y de los otros.

Abogado, periodista e historiador, escribió veintiocho libros, algunos de ellos como La Revolución Francesa y Sudamérica (1910) y El Uruguay internacional (1912) siguen sorprendiendo por su vigencia.

Encarnó como ningún otro dirigente político el antimperialismo. Apoyó a Augusto Sandino en su revolución contra la invasión norteamericana a Nicaragua de 1927. Por su prédica a favor de la neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial, lo acusaron de nazi. Y gracias a él, en 1940, Uruguay rechazó la instalación de bases militares estadounidenses en territorio nacional.

“No hay quien pueda con Herrera”, cantaba un jingle electoral que se escuchaba por las radios de todo el país, a comienzos de la década de 1950.

El 28 de febrero de 1959, un día antes que asumiera el gobierno colegiado con mayoría blanca, Herrera abandonó el Palacio Estévez donde había ocupado un cargo por la minoría en el Consejo Nacional de Gobierno. Luchó toda su vida para que el Partido Nacional llegara al poder y cuando esto se produjo, sus correligionarios le daban la espalda. Una multitud se congregó en el jardín de su quinta para saludarlo. Y en lo que sería su última aparición pública dijo:

“... si por nuestra parte, en la función pública no lo hicimos mejor, la culpa recae en la propia mano, no en la intención, jamás manchada por la felonía…”

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