Los ideólogos de la “ilustración oscura”

“No somos ricos por lo que poseemos sino por lo que podemos prescindir”, explicó Kant. Un razonamiento digno del autor de Crítica de la Razón Pura: la dimensión de las posesiones de las que una persona pueda prescindir muestra la verdadera dimensión de su riqueza.

No es eso lo que piensan y difunden como valor algunos millonarios que amasaron sus fortunas desarrollando tecnología digital. Por el contrario, están tan convencidos de que la única riqueza es la que se mide en propiedades y cuentas bancarias, que hasta la consideran una razón para poseer el poder político, además del económico.

Por eso están trabajando para que la democracia liberal sea reemplazada por tecno-plutocracias encabezadas por fundadores o CEOS de empresas que desarrollan tecnología digital.

A esta altura de la historia, ni el absolutismo monárquico ni el ultraislamismo ni el fascismo ni el nazismo ni el marxismo-leninismo son los únicos enemigos del Estado de Derecho. A la democracia occidental la amenaza la “dark entligthment” (ilustración oscura), como la llama el filósofo inglés Nick Land, impulsor del “aceleracionismo” y de la “cultura cibernética”.

Sobre la actual ola neo-reaccionaria surfean estrategas ultraderechistas como Steve Bannon, el impulsor de la Alt Rigth, blogueros como Curtis

Yarvin, quien considera que la de Estados Unidos es una “democracia fallida”, y también Peter Thiel, uno de los grandes promotores de que el poder quede en manos de las elites innovadoras.

El fantasma de Platón ronda por el Silicon Valley. En las páginas de La República, el filósofo de la polis ateniense planteó como sistema político ideal la “Sofocracia”: el cratos (poder) reside en el sofos (conocimiento), o sea el gobierno de los filósofos o de reyes guiados por filósofos.

Esa antigua idea platónica tiene los rasgos de un totalitarismo filantrópico convencido de que un gobierno de sabios sólo puede actuar en pos del bien de todos los ciudadanos.

Como buen discípulo del filósofo francés René Girard, autor de la Teoría del Deseo Mimético en la que sostiene que “el hombre es una creatura que no sabe qué desear y recurre a los demás para decidir, imitando los deseos de los otros”, Peter Thiel defiende un libertarismo económico que es socialmente darwiniano y busca que el poder esté en manos de los más brillantes en materia de innovación, quienes deben gobernar sin trabas burocráticas, jurídicas y políticas. Idea que lo llevó a diseñar un proyecto de colonización del mar apuntado a eliminar el Estado de Derecho y cualquier tipo de institucionalidad estatal, mediante la creación de ciudades flotantes en las que no rigen leyes nacionales.

Esas ideas contra-liberales son las que gravitan sobre la ola neo-reaccionaria que está jaqueando la democracia occidental.

En su libro El Momento Straussiano sostiene que, así como el 11-S “mostró la incompatibilidad de libertad y seguridad” en la nueva realidad que plantea el terrorismo, la realidad actual muestra que “la libertad y la democracia son incompatibles”. Un rapto de honestidad intelectual que deja a la vista lo que otros libertarios, como el presidente argentino Javier Milei, ocultan: la convicción de que la democracia liberal debe ser reemplazada, para “apartar a las mayorías de las decisiones de gobierno”.

Thiel es un alemán que desarrolló su pensamiento en Estados Unidos, donde amasó una fortuna creando el sturtup que provee análisis masivo de datos y vigilancia predictiva al Pentágono, la CIA y el ICE, o sea, un

eslabón clave en lo que llama “complejo militar-digital”, parafraseando al presidente Eisenhower cuando denunció un poder oculto al que llamó “complejo militar-industrial”.

Como fue de los primeros en ver que el poder ya no está en las armas sino en los algoritmos, su fondo de inversión apostó desde etapas embrionarias a empresas como Facebook.

A diferencia del libertarismo primario, en su libro De Cero a Uno, Thiel casi que deja de lado la obsesión por el libremercado, para centrarse en la necesidad de impulsar “monopolios creativos” que impongan el progreso vertical de la tecnología.

Otro rapto de honestidad intelectual inexistente en los políticos que levantan las banderas de la “Libertad” tal como la concibe la ola neo-reaccionaria.

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